sábado, 25 de agosto de 2007

[Extra] Epílogo: 19 años después

El otoño pareció llegar repentinamente ese año. La mañana del uno de Septiembre era crispada y dorada como una manzana y mientras la pequeña familia se apresuraba a cruzar la ajetreada calle hacia la grandiosa y sombría estación, el humo de los tubos de escape de los coches y el aliento de los caminantes centelleaban como telas de araña en el aire frío. Dos grandes jaulas descansaban en lo alto de los carritos de equipaje que los padres empujaban, las lechuzas dentro de ellas ululaban indignadamente, y la pequeña pelirroja se demoraba temerosamente tras sus hermanos, aferrada al brazo de su padre.
-No pasará mucho tiempo, y también tú iras, -le dijo Harry.
-Dos años, -resopló Lilly-. ¡Yo quiero ir ahora!
Los transeuntes miraban curiosamente a las lechuzas mientras la familia se abría paso hasta la barrera entre los andenes nueve y diez. La voz de Albus llegó hasta Harry por encima del clamor que les rodeaba; sus hijos habían reasumido la discusión que habían empezado en el coche.
-¡No! ¡No estaré en Slytherin!
-¡James, dale un respiro! -dijo Ginny.
-Yo solo digo que podría ser, -dijo James, sonriendo a su hermano menor-. No hay nada de malo en ello. Podría estar en Slyth...
Pero James captó la mirada de su madre y se quedó en silencio. Los cinco Potters se aproximaron a la barrera. Con una mirada ligeramente autosuficiente sobre el hombro hacia su hermano menor, James tomó el carrito de manos de su madre y echó a correr. Un momento después, se había desvanecido.
-Me escribiréis, ¿verdad? -preguntó Albus a sus padres inmediatamente, aprovechando la momentanea ausencia de su hermano.
-Cada día, si quieres que lo hagamos, -dijo Ginny.
-No cada día, -dijo Albus rápidamente-. James dice que la mayoría de la gente solo recibe cartas de casa una vez al mes.
-Escribimos a Jemes tres veces por semana, -dijo Ginny.
-Y no deberías creer todo lo que te cuenta de Hogwarts -añadió Harry-. A tu hermano le gusta gastar bromas.
Lado a lado, empujaron el segundo carrito hacia adelante, cobrando velocidad. Cuando se aproximaron a la barrera, Albus hizo una mueca, pero no se produjo ninguna colisión. En vez de eso, la familia emergió a la plataforma nueve y tres cuartos, que estaba oscurecida por el vapor blanco que surgía del expreso escarlata de Hogwarts. Figuras confusas se movían como un engambre a través de la neblina, en la que James ya había desaparecido.
-¿Dónde están? -preguntó Albus ansiosamente, espiando hacia las nebulosas formas que pasaban mientras se abrían paso andén abajo.
-Los encontraremos -dijo Ginny tranquilizadoramente.
Pero el vapor era denso, y resultaba dificil discernir la cara de nadie. Desconectadas de sus propietarios, las voces sonaban antinaturalmente ruidosas. Harry creyó haber oído a Persy discurriendo ruidosamente acerca de las regulaciones de escobas, y se alegró la excusa que se le presentaba para no pasar y saludar...
-Creo que esos son ellos, Al, -dijo Ginny de repente.
Un grupo de cuatro personas emergió de la niebla, de pie junto a un carrito muy grande. Sus caras solo se enfocaron cuando Harry, Ginny, Lily, y Albus llegaron justo ante ellos.
-Hola, -dijo Albus, que sonaba inmensamente aliviado.
Rose, que ya vestía su nueva túnica de Hogwarts, le sonrió.
-¿Todo bien al aparcar entonces? -preguntó Ron a Harry-. Para mí si. Hermione no se creía que pudiera pasar un exámen de conducir muggle, ¿verdad? Pensó que había Confundido al examinador.
-No, no es cierto, -dijo Hermione-. Tenía una fé absoluta en ti.
-Para que quede claro, le Confundí. -susurró Ron a Harry mientras juntos alzaban el baúl de Albus y la lechuza hasta el vagón-. Solo olvidé mirar por el retrovisor, y mira tú. Puedo utilizar un Encantamiento Supersensorial para eso.
De vuelta en la plataforma, encontraron a Lilly y Hugo, el hermano menor de Rose, teniendo una animada conversación sobre en qué casa serían seleccionados cuando finalmente fueran a Hogwarts.
-Si no entras en Gryffindor, te desheredaremos, -dijo Ron- pero sin presiones.
-¡Ron!
Lilly y Hugo rieron, pero Albys y Rose parecían solemnes.
-No lo dice en serio, -dijeron Hermione y Ginny, pero Ron ya no estaba prestando atención. Captando la atención de Harry, asintió subcepticiamente hacia un punto a unas cincuenta yardas de distancia. El vapor se había disipado por un momento y tres personas estaban de pie en un espacio libre de la cambiante niebla.
-Mira quién está ahí.
Draco Malfoy estaba allí de pie con su esposa e hijo, con un abrigo oscuro abonotado hasta la garganta. Su pelo estaba peinado hacia atrás de tal forma que enfatizada la barbilla puntiaguda. El nuevo chico se parecía a Draco tanto como Albus se parecía a Harry. Draco captó un vistazo de Harry, Ron, Hermione y Ginny mirándole, asintió cortesmente, y se alejó.
-Así que ese es el pequeño Scorpius, -dijo Ron por la bajo-. Asegúrate de machacarle en cada exámen, Rosie. Gracias a Dios heredaste el cerebro de tu madre.
-Ron, por amor de Dios, -dijo Hermione medio severa, medio divertida-. ¡No intentes volverlos uno contra otro antes de que empiecen siquiera la escuela!
-Tienes razón, lo siento, -dijo Ron, pero incapaz de contenerse, añadió-. No seas muy amigable con él, Rosie. El abuelo Wesley nunca te perdonaría que te casaras con un sangre pura.
-¡Ey!
James había reaparecido, se había librado a sí mismo de su baúl, lechuza y carrito, y evidentemente estaba que explotaba con nuevas noticias.
-Teddy está de vuelta, -dijo sin respiración, señalando sobre el hombro hacia las vaporosas nubes-. ¡Acabo de verle! Y adivinad que está haciendo. ¡Morreándose con Victoire!
Fulminó con la mirada a los adultos, evidentemente decepcionado por su falta de reacción.
-¡Nuestro Teddy! ¡Teddy Lupin! ¡Morreándose con nuestra Victoire! ¿Nuestra prima? Y le pregunté a Teddy que estaba haciendo...
-¿Les interrumpiste? -dijo Ginny- Te pareces tanto a Ron...
-... ¡y dijo que había venido a verla! Y después me dijo que me largara. ¡La estaba morreando! -Añadió James como preocupado de no haber sido lo bastante claro.
-¡Oh, sería adorable que se casaran! -murmuró Lilly soñadoramente-. ¡Entonces Teddy sería realmente parte de la familia!
-Ya viene a casa a cenar casi todos los días -dijo Harry, .... falla mi imaginación pero supongo que dice algo así como qué más da que se quede todo el rato.
-¡Si! -dijo James entusiamado-. No me importaría compartir cuarto con Al... Teddy podría quedarse mi habitación.
-No, -dijo Harry firmemente-. Al y tú os estaríais peleando a cada rato y no quiero que la casa acabe demolida.
Comprobó... ni pajolera idea de lo que viene aquí, es una frase nada más, algo así como que comprobó el carrito.
-Son casi las once, será mejor que subáis.
-¡No olvides darle recuerdos a Neville! -dijo Ginny a James y le abrazó.
-¡Mamá! No puedo hacer eso con un profesor.
-Pero conoces a Neville...
James puso los ojos en blanco.
-Fuera, si, pero en la escuela es el Profesor Longbotton, ¿verdad? No puedo entrar en Herbología y darle recuerdos...
Sacudiendo la cabeza ante las tonterías de su madre, se apresuró a adelantarse para dar una patada a Albus.
-Luego te veo, Al. Vigila a los Thestrals.
-Creía que eran invisibles. Dijiste que eran invisibles.
Pero James simplemente se rio, permitió que su madre le besara, dio un abrazo rápido a su padre, después saltó rápidamente al tren. Le vieron avanzar, después alejarse vagón arriba hacia sus amigos.
-Los Thestrals no son nada de qué preocuparse, -dijo Harry a Albus-. Son criaturas gentiles, no hay nada que asuste en ellos. De otodos modos, vosotros no vais a llegar a la escuela en los carruajes, iréis en botes.
Ginny se despidió de Albus.
-Te veremos en Navidad.
-Adios, Al, -dijo Harry mientras su hijo le abrazaba-. No olvides que Hagrid te ha invitado a tomar el té el próximo viernes. No te metas en lios con Peeves. Nada de duelos con nadie hasta que hayas aprendido como hacerlo. Y no dejes que James se meta contigo.
-¿Y si acabo en Slytherin?
El susurro era solo para su padre, y Harry sabía que solo el momento de la partida podría haber obligado a Albys a revelar lo grande y sincero que era su temor.
Harry se agachó para que la cara de Albus estuviera ligeramente por encima de la suya. Solo Albus entre los tres hijos de Harry, había heredado los ojos de Lilly.
-Albus Severus, -dijo Harry quedamente, para que nadie más que Ginny pudiera oirle, y ella tenía suficiente tacto como para fingir que estaba escuchando a Rose, que ya estaba en el tren-, te pusimos ese nombre por dos directores de Hogwarts. Uno de ellos era un Slytherin y fue probablemente el hombre más valiente que nunca haya conocido.
-Pero y si...
-... entonces la Casa Slytherin habrá ganado un excelente estudiante, ¿verdad? A nosotros no nos importa, Al. Pero si a ti te importa tanto, podrás elegir Gryffindor en vez de Slytherin. El Sombrero Seleccionador toma en cuenta tu elección.
-¡De veras!
-Lo hizo en mi caso, -dijo Harry.
Nunca antes había contado eso a sus hijos, y vio la maravilla en la cara de Albus cuando lo dijo. Pero ya las puertas se estaba cerrando a lo largo de todo el tren escarlata, y los sonidos señalaban el momento de partir para los últimos rezagados.
Albus saltó al vagón y Ginny cerró la puerta tras él. Los estudiantes colgaban de las ventanas que tenían más cerca. Un gran engambre de caras, sobre y fuera del tren, parecían estar vueltas hacia Harry.
-¿Por qué están todos mirando? -exigió Albus mientras Rose y él se giraban alrededor para mirar al resto de los estudiantes.
-No dejes que eso te preocupe, -dijo Ron-. Soy yo. Soy extremadamente interesante.
Albus, Rosie, Hugo, y Lily rieron. El tren empezó a moverse, y Harry caminó junto a él, observando la delgada cara de su hijo, ya sonrojada por la excitación. Harry siguió sonriendo y saludando, incluso aunque era un poco embarazoso, observando como su hijo se alejaba de él...
El último rastro de humo se evaporó en el aire otoñal. El tren había doblado una esquina. La mano de Harry estaba inmóvil, alzada en un adiós.
-Estará bien, -murmuró Ginny.
Cuando Harry miró hacia ella, bajó la mano ausentemente y se tocó la cicatriz en forma de relámpago de la frente.
-Lo sé.
La cicatriz no le había dolido a Harry en diecinueve años. Todo iba bien.

Capítulo 36: El fallo en el plan

Estaba tirado con la cara pegada al suelo. El olor del bosque llenaba su nariz. Podía sentir el frío del suelo bajo de su mejilla, sus gafas habían caído a un lado. Cada centímetro de su cuerpo le dolía y el lugar donde la maldición asesina le había dado le dolía como si hubiera sido golpeado con acero. No se movió, permaneciendo en el mismo lugar donde había caído; con el brazo izquierdo doblado en un ángulo extraño y la boca semi-abierta.Había esperado oír gritos de triunfo y júbilo por su muerte, pero en lugar de eso se oían pasos apresurados, susurros y murmullos que llenaban el aire.–Mi Señor… mi Señor…Era la voz de Bellatrix, y hablaba como si lo hiciera a un amante. Harry no se atrevió a abrir los ojos, en cambio dejo que sus otros sentidos exploraran su dilema. Sabía que su varita seguía guardada bajo la túnica porque podía sentirla entre el pecho y el suelo. Un ligero efecto acolchado en la zona de su estómago le decía que la Capa de Invisibilidad también estaba allí, amontonada fuera de la vista de los demás.–Mi Señor…–Eso servirá –dijo la voz de VoldemortMás pasos, varias personas estaban alejándose del lugar. Desesperado por ver lo que pasaba y por que, Harry abrió los ojos un milímetro.Voldemort estaba poniéndose en pie. Varios mortífagos se apresuraban a alejarse de él, volviendo a la multitud que se alineaba en el claro. Solamente Bellatrix permaneció arrodillada junto a él.Harry cerró de nuevo los ojos y consideró lo que había visto. Los mortífagos se habían agrupado alrededor de Voldemort, quien al parecer había caído al suelo. Algo había ocurrido en el momento en que atacó a Harry con la Maldición Asesina. ¿Voldemort también se había derrumbado? Eso parecía. Y ambos había quedado brevemente incosncientes y los dos habían despertado ya…–Mi señor, permíteme…–¡No necesito ayuda! –dijo Voldemort fríamente y a pesar de que no podía verle, Harry se imaginó a Bellatrix retirando la mano solícita-. El muchacho, ¿está muerto?Se hizo un silencio absoluto en el claro. Nadie se acercó a Harry pero sentía sus miradas concentradas; parecían presionarle con más fuerza en la tierra, y le aterraba que un dedo o un parpado pudieran delatarle.–Tú –dijo Voldemort, y se oyó un golpe y un pequeño chillido de dolor.–Examínale. Dime si está muerto.Harry no sabía quien había sido enviado a verificar su muerte. Solo podía quedarse alli tendido, con el corazón latiendo traicioneramente, y esperar a ser examinado; pero al mismo tiempo un pequeño consuelo le invadía y se mostraba cauteloso, no queriendo aproximarse a él, sospechaba que no todo había ido según lo planeado...Unas manos, mas suaves de lo que había esperado, tocaron la cara de Harry y palparon su corazón, podía oír la respiración agitada de una mujer.–¿Draco esta vivo? ¿Está en el castillo?El susurro fue apenas audible, los labios de la mujer estaban a centímetros de su oído, la cabeza tan inclinada que su largo cabello tapaba la cara de Harry.–Sí –murmuró en respuesta.Sintió que la mano se contraía sobre su pecho, las uñas le apuñalaron. Entonces la mano se retiró. Ella se había enderezado.–¡Está muerto! –gritó Narcissa Malfoy a los observadores.Y ahora gritaron, ahora aullaban de triunfo y estampaban los pies en el suelo y a través de los párpados, Harry vio explosiones de luz roja y plata en el aire, animando al celebración.Todavía fingiéndose muerto en el suelo, entendió. Narcissa sabía que la única forma de que se le permitiera entrar a Hogwarts, y encontrar a su hijo, era como parte del ejército conquistador. Ya no le importaba si Voldemort ganaba o no.–¿Veis? –dijo Voldemort a la multitud, –Harry Potter ha muerto por mi mano, y ningún hombre vivo puede amenazarme ahora, ¡Observad! ¡CRUCIO!Harry había estado esperándolo, sabía su cuerpo no sería abandonado sin daño en el suelo del bosque; debía ser objeto de humillación para probar la victoria de Voldemort. Fue elevado en el aire, y necesitó toda su determinación para permanecer inerte, aunque el dolor que había esperado no llegó. Fue lanzado una vez, dos, tres al aire.Sus gafas salieron volando y sintió como su varita se deslizaba un poco entre su ropa, pero se mantuvo flojo y sin vida, y cuando cayó a tierra por última vez, el claro resonó con los ecos de vítores y chillidos de risa.-Ahora -dijo Voldemort- vamos al casillo, y mostrémosles en que se ha convertido su héroe. ¿Quien arrastrará el cuerpo? No... esperad...Se oyó una oleada renovada de risas, y tras unos momentos Harry sintió como el suelo temblaba bajo él.-Tú, llevale -dijo Voldemort-. Estará muy bien y muy visible en tus brazos, ¿verdad? Recoge a tu amiguito, Hagrid. Y las gafas... ponle las fatas... debe ser reconocible...Alguien volvió a ponerle las gafas con brusquedad en la cara con una fuerza deliberada, pero las manos enormes que le alzaron en el aire eran extremadamente gentiles. Harry podía sentir como temblaban los brazos de Harry por la fuerza de sus sollozo, grandes lágrimas se derramaban sobre él mientras Hagrid le acunaba en sus brazos, y Harry no se atrevió, por movimiento o palabras, a confiar a Hagrid que no estaba todo aún perdido.-Múevete -dijo Voldemort, y Hagrid se tambaleó hacia adelante, abriéndose paso a través del bosque cerrado, de vuelta a través del bosque.Las ramas se enganchaban en el pelo y la túnica de Harry, pero él yacía inmóvil, con la boca entreabierta, los ojos cerrados, y en la oscuridad, mientras los mortifagos se apiñaban a su alrededor, y mientras Hagrid sollozaba salvajemente, nadie pareció nota que latía el pulso en el cuello expuesto de Potter.Los dos gigantes lo aplastaban todo a su paso siguiendo a los mortifagos. Harry podía oir los árboles crujiendo y cayendo mientras pasaban, eran tan ruidosos que los pájaros se lanzaban chillando al cielo, e incluso los vítores de los mortifagos quedaban ahogados. La procesión victoriosa marchó hacia terreno abierto, y después de un rato Harry pudo decir por el aligeramiento de la oscuridad que percibía a través de los párpados cerrados, que los árboles empezaban a aclararse.-¡BANE!El bramido inesperado de Hagrid casi oblió a Harry a abrir los ojos-. ¿Estás contento ahora, eh? ¿No vais a luchar, verdad, panda de mulas cobardes? ¿Os alegra la m-m-muerte de Harry Potter?Hagrid no continuó, sino que estalló en renovadas lágrimas. Harry se preguntó cuantos centauros estaban viendo pasar la procesión. No se atrevió a abrir los ojos. Algunos de los mortifagos lanzaban insultos a los centauros cuando les dejaron atrás. Poco después, Harry sintió, por el aire refrescante, que habían alcanzado el linde del bosque.-Alto.Harry creyó notar que Hagrid había sido obligado a obedecer la orden de Voldemort porque se tambaleó un poco. Y un nuevo escalofrío se cernió sobre ellos cuando se detuvieron, y Harry oyó la áspera respiración de los dementores que patrullaban los demás árboles. No le afectarían ahora.El hecho de su propia supervivencia ardía en su interior, un talisman contra ellos, como si el ciervo de su padre montara guardia en su corazón.Alguien pasó junto a Harry, y supo que habia sido el propio Voldemort porque habló un momento después, con una voz mágicamente amplificada para que así atravesara los terrenos, estrellándose contra los tímpanos de Harry.-Harry Potter está muerto. Le maté mientras huía, intentando salvarse mientras vosotros sacrificábais vuestras vidas por él. Traemos su cuerpo como prueba de que vuestro héroe ha muerto.»La batalla está ganada. Habéis perdido a la mitad de vuestros combatientes. Mis mortifagos os superan en número, y El Chico que Vivió está acabado. La guerra debe acabar. Cualquiera que continue resistiéndose, hombre, mujer, o niño, será masacrado, al igual que cada miembro de su familia. Salid del castillo ahora, arrodilláos ante mí, y seréis absueltos. Vuestros padres e hijos, vuestros hermanos y hermanos vivirán y serán perdonados, y os uniréis a mí en un nuevo mundo que construiremos juntos.Había silencio en los terrenos y el castillo. Voldemort estaba tan cerca de él que Harry no se atrevió a abrir los ojos de nuevo.-Vamos -dijo Voldemort, y Harry le oyó adelantarse, y Hagrid se vio obligado a seguir. Ahora Harry abrió los ojos una fracción de segundo, y vio a Voldemort avanzando a zancadas ante ellos, llevando a la gran serpiente Nagini alrededor de sus hombros, ahora libre de su jaula encantada. Pero Harry no tenía posibilidad de extraer la varita oculta bajo su túnica sin que lo notaran los mortifagos, que marchaban a ambos lados de ellos a través de la lentamente aligerada oscuridad.-Harry -sollozaba Hagrid-. Oh, Harry... Harry.Harry volvió a cerrar los ojos firmemente. Sabía que se estaban aproximando al castillo y agudizó los oídos para distinguir, sobre las voces alegres de los mortifagos y sus pasos atronadores, señales de vida de los que estaban dentro.-Alto.Los mortifagos se detuvieron. Harry les oyó desplegarse en una fila frente a las puertas principales abiertas de la escuela. Podía ver, incluso con los párpados cerrados, el brillo tenue que indicaba que la luz se derramaba sobre él desde el vestíbulo de entrada. Esperó. En cualquier momento, la gente por la que había intentado morir le vería, yaciendo aparentemente muerto, en los brazos de Hagrid.-¡NO!El grito fue más terrible porque nunca había esperado o soñado que la Profesora McGonagall pudiera emitir tal sonido. Oyó a otras mujeres reír cerca, y supo que Bellatirx se vanagloriaba ante la desesperación de McGonagall.Miró de reojo una vez durante un solo segundo y vio el umbral lleno de gente, mientras los supervivientes de la batalla salían a los escalones delanteros para enfrentar a sus vencedores y ver la verdad de la muerte de Harry por sí mismos. Vio a Voldemort de pie delante de él, acariciando la cabeza de Nagini con un solo dedo blanco. Cerró los ojos de nuevo.-¡No!-¡No!-¡Harry! ¡HARRY!Las voces de Ron, Hermione y Ginny fueron peores que la de McGonagall. Nada deseaba más que responderles, aunque siguió tendido en silencio, y sus gritos actuaron como un gatillo. La multitud de supervivientes hizo suya la causa, gritando y chillando insultos a los motifagos, hasta...-¡SILENCIO! -gritó Voldemort, y se oyó un golpe y un destello de luz brillante y silencio obligaron a callar a todos-. ¡Se acabó! ¡Déjale, Hagrid, a mis pies, donde debe estar!Harry sintió como le dejaban sobre la hierba.-¿Véis? -dijo Voldemort, y Harry le sintió pasearse de acá para allá justo junto al lugar donde él yacía-. ¡Potter está muerto! Lo entendéis ahora, ¿verdad, ilusos? ¡No era nada, nunca lo fue, más que un niño que confiaba en que los demás se sacrificaran por él!-¡Se enfrentó a ti! -gritó Ron, y el hechizo se rompió, y los defensores de Hogwarts gritaron y chillaron de nuevo hasta que una segunda y más poderosa explosión extinguió sus voces una vez más.-Murió mientras intentaba salir a hurtadillas de los terrenos del castillo -dijo Voldemort, y hubo una inflexión en su voz por la mentira- Muerto mientras intentaba salvarse a sí mismo...Pero Voldemort se interrumpió. Harry oyó una riña y un grito, después otro golpe, un destello de luz, y un gruñido de dolor. Abrió los ojos una milésima. Alguien se había liberado de la multitud y cargaba hacia Voldemort. Harry vio a la figura golpear el suelo. Desarmado, Voldemor lanzaba la varita de su oponente a un lado y reía.-¿Y quién es este? -dij un su suave siseo serpentino-. ¿Quién se ha ofrecido voluntario para demostrar lo que ocurre a los que continuan luchando cuando la batalla está perdida?Bellatrix soltó una risa deleitada.-¡Es Neville Longbottom, mi Señor! El chico que ha estado dando a los Carrow tantos problemas! El hijo de los Aurores, ¿recuerda?-Ah, si, recuerdo, -dijo Voldemort, bajando la mirada hacia Neville, que estaba luchando por volver a ponerse en pie, desarmado y desprotegido, de pie en la tierra de nadie entre los supervivientes y los mortifagos-. Pero eres un pura sangre, ¿verdad, mi valiente muchacho? -preguntó Voldemort a Nevile, que le enfrentaba con las manos vacías, cerrados los puños.-¿Y qué si lo soy? -dijo Neville ruidosamente.-Muestras espíritu y valor, y provienes de un linaje noble. Serás un mortifago de gran valor. Necesitamos gente como tú, Neville Longbottom.-Me uniré a ti cundo el infierno se congele, -dijo Neville-. ¡Ejército de Dumbledore! -gritó, y hubo vitores en respuesta entre la multitud, a la que los Encantamientos Silenciadores de Voldemort parecían incapaces de contener.-Muy bien, -dijo Voldemort, y Harry oyó más peligro en la suavidad de su voz que en la más poderosa de las maldiciones-. Si esa es tu decisión, Longbottom, volveremos al plan original. Allá, -dijo tranquilamente- tú.Todavía observando todavía tras los párpados, Harry vio a Voldemort ondear su varita. Segundos después, saliendo de una de las ventanas del castillo, algo que parecía un pájaro deforme voló a través de las ventanas y en la luz tenue y aterrizó en la mano de Voldemort. Este cogió el enmohecido objeto por el extremo y lo sacudió, vacío y desgarrado, el Sombrero Seleccionador.-No habrá más Sombrero Seleccionador en la Escuela Hogwarts, -dijo Voldemort-. No habrá más Casas. El emblema, escudo y colores de mi nombre ancestro, Salazar Slythering, servirá a todo el mundo. ¿verdad, Neville Longbotton?Apuntó su varita hacia Neville, que se quedó rígido e inmóvil, después embutió el sombrero en la cabeza de Neville, de forma que se deslizó hacia abajo cubriéndole los ojos. Hubo movimientos en la multitud de observadores delante del castillo, y como uno, los mortifagos alzaron sus varitas, manteniendo a raya a los luchadores de Hogwarts.-Neville va a demostrar ahora lo que le ocurrirá a cualquiera lo suficientemente estúpido como para continuar oponiéndose a mí, -dijo Voldemort, y con un ondeo de su varita, hizo que el Sombrero Seleccionador ardiera en llamas.Los gritos hendieron el amanecer, y Neville ardía, arraigado en el lugar, incapaz de moverse, y Harry no podía soportarlo. Debía actuar...Y entonces muchas cosas ocurrieron a la vez.Oyeron alzarse un rugido de los límites distantes de la escuela que sonaba como si un enjambre de cientos de personas estuvieran derramándose sobre los muros exteriores y vertiéndose hacia el castillo, bramando gritos de guerra. Al mismo tiempo, Grawp había aparecido rodeando una esquina del castillo con su andar torpe y gritando "¡HAGGER!. Su llamada fue respondida por los rugidos de los gigantes de Voldemot. Corrieron hacia Grawp como elefantes a la carga haciendo que la tierra se estremeciera.Después llegaron los cascos, los tañidos de arco,s y las flechas de repente caían entre los mortifagos que rompieron filas, gritando de sorpresa. Harry sacó la capa de invisibilidad de dentro de su túnica, la lanzó sobre sí mismo, y se puso en pie de un salto, mientras Neville se movía también.En un movimiento veloz y fluido, Neville se liberó de la Maldición lanzada sobre el Sombrero. El llameante sombrero cayó y Neville extrajo de sus profundidades algo plateado, con una brillante empuñadura de rubíes.La cuchillada de la hoja de plata no pudo oirse sobre el rugido de la multitud que se aproximaba o los sonidos de los gigantes o de la carga de los centauros, y aún así, pareció atraer cada mirada. Con una sola estocada, Neville partió en dos la gran cabeza de la serpiente, que giró alto en el aire, brillando a la luz que fluía desde el vestíbulo de entrada, la boca de Voldemort se abrió en un grito de furia que nadie pudo oir, y el cuerpo de la serpiente cayó pesadamente al suelo a sus pies.Oculto bajo la Capa de Invisibilidad, Harry lanzó un Encantamiento Escudo entre Neville y Voldemort antes de que este último pudiera alzar su varita. Entonces, sobre los gritos y los rugidos y estruendosos golpes de los gigantes que luchaban, Hagrid gritó más alto que todos.-¡HARRY! -gritó Hagrid-. ¡HARRY!... ¿DONDE ESTÁ HARRY?Reinaba el caos. Los centauros a la carga estaban dispersando a los mortifagos, todos sentían los pies retumbantes de los gigantes, y cada vez más y más cerca el estruendo de los refuerzos que había venido de quién sabía dónde. Harry vio grandes criaturas aladas sobrevolando las cabeza de los gigantes de Voldemort, los thestrals y Buckbeak el hipogrito arañaban sus ojos mientras Grawp les golpeaba y mordía y ahora los magos, defensores de Hogwarts y mortífagos por igual estaban siendo forzados a volver a entrar en el castillo. Harry estaba lanzando maleficios y maldiciones a cualquier mortifago que veía, y ellos se derrumbaban, sin saber qué o quién les había dado, y sus cuerpos eran pisoteados por la multitud en retiradaTodavía oculto bajo la Capa de Invisibilidad, Harry fue también empujado a entrar en el vestíbulo. Estaba buscando a Voldemort y le vio al otro lado de la habitación, disparando hechizos con su varita mientras retrocedía hasta el Gran Salón, todavía gritando instrucciones a sus seguidores, mientras lanzaba maldiciones a diestro y siniestro. Harry lanzó más Encantamientos Escudo, entre Voldemort y sus presuntas víctimas.Seamus Finnigan y Hannah Abbot, pasaron junto a él a la carrera hacia el interior del Gran Salon, donde se unieron a la lucha que ya florecía dentro.Y había más, incluso más gente saltando los escalones delanteros, y Harry vio a Charlie Weasley alcanzando a Horace Slughorn, que todavía vestía su pijama esmeralda. Parecía haber vuelto a la cabeza de lo que parecían ser las familias y amigos de cada estudiante de Hogwarts que había seguido luchando junto a los tenderos y vecinos de Hogsmeade. Los centauros Bane, Ronan y Magorian irrumpieron en el vestíbulo con un gran crepitar de cascos, y detrás de Harry la puerta que conducía a las cocinas fue golpeada hasta sacarla de sus goznes.Los elfos domésticos de Hogwarts inundaron el vestibulo de entrada, gritando y ondeando cuchillos de carnicero de trinchar, y a la cabeza de los mismos, con el guardapelo de Regulus Black rebotando en su pecho, estaba Kreacher, su voz de rana era audible incluso sobre este alboroto: -¡Luchad! ¡Luchad! ¡Luchad por mi Amor, defensor de los elfos domésticos! ¡Luchad con el Señor Tenebroso, en nombre del Valiente Regulus! ¡Luchad!Estaban asaltando y apuñalando los tobillos y pantorrillas de los mortifagos con su diminutas caras iluminadas de malicia, y mirara donde mirara Harry veía mortifagos doblegados por el puro peso del número, superados por hechizos, sacándose flechas de heridas, apuñalados en las piernas por los elfos, o simplemente intentando escapar, pero tragados por la orda que se aproximada.Pero esto no había acabado aún. Harry corrió entre los duelistas y los prisioneros que se resistían hasta el Gran Salón.Voldemort estaba en el centro de la batalla, atacando y golpeando a todo el que se ponia a su alcance. Harry no podía conseguir un disparo claro, así que luchó por acercarse más, todavía invisible, pero el Gran Salon se fue abarrotando más y más con cada uno que conseguía forzar su entrada.Harry vio a Yaxley derribado en el suelo por George y Lee Jordan, vio a Dolohov caer con un grito a manos de Flitwick, vio a Walden Macnair lanzado al otro lado de la habitación por Hagrid, golpear la pared opuesta, y deslizarse inconsciente hasta el suelo. Vio a Ron y Neville derrotando a Fenrir Greyback, Aberforht Aturdiendo a Rookwood, Arthur y Percy rodeaban a Thicknesse, y Lucius y Narcissa Malfoy corriendo entre la multitud, sin intentar luchar, llamando a gritos a su hijo.Voldemort estaba ahora luchando contra McGonagall, Slyghorn y Kingsley, todos a la vez, y había un odio frío en su cara mientras ondeaban y amagaban alrededor, incapaces de acabar con él.Bellatrix todavía estaba luchando también, a cincuenta yardas de Voldemort, y como su amo, luchaba con tres a la vez: Hermione, Ginny y Luna, todas al máximo de sus posibilidades, pero Bellatrix las igualaba, y la atención de Harry se desvió cuando una Maldición Asesina golpeó tan cerca de Ginny que falló y no la mató por un centímetro.Cambió de curso, corriendo hacia Bellatrix en vez de hacia Voldemort, pero antes de haber dado un par de pasos fue golpeado a un lado.-¡MI HIJA NO, PERRA!La Señora Weasley se quitó la capa mientras corría, liberando sus manos. Bellatrix se dio la vuelta, rugiendo de risa antes de visión del nuevo desafío.-¡FUERA DE MI CAMINO! -gritó la Señora Weasley a las tres chicas, y con un simple ademán de su varita empezó el duelo. Harry observaba con terror y júbilo como la varita de Molly Weasley acuchillaba y se retorcía, y la sonrisa de Bellatrix Lestrage decaía y se convertía en un gruñido. Rayos de luz volaban desde ambas varitas, el suelo alrededor de los pies de las brujas se levantó y agrietó. Ambas mujeres estaban luchando a muerte.-¡No! -gritó la Señora Weasley cuando unos pocos estudiantes se adelantaron, intentando acudir en su ayuda-. ¡Atrás! ¡Atrás! ¡Es mía!Cientos de personas estaban ahora alineadas contra las paredes, observando las dos luchas, Voldemort y sus tres oponentes. Bellatrix y Molly, y Harry de pie, invisible, desgarrado entre ambas, deseando atacar y a la vez proteger, incapaz de estar seguro de no alcanzar a un inocente.-¿Qué ocurrirá con tus hijos cuando mueras? -se burlón Bellatrix, tan loca como su amo, haciendo cabrioles mientras las maldiciones de Molly danzaban a su alrededor-. ¿Cuando Mami se haya ido como Freddie?-¡Tú... nunca... volverás... a... tocar... a... mis... hijos! -gritó la Señora Weasley.Bellatrix rió con la misma risa alborozada que su primo Sirius había soltado mientras caía hacia atrás a través del velo, y de repente Harry supo lo que iba a ocurrir antes de que ocurriera.La maldición de Molly pasó bajo el brazo extendido de Bellatrix y la golpeó de lleno en el pecho, directamente sobre el corazón.La sonrisa satisfecha de Bellatrix se congeló, sus ojos parecieron salirse de sus órbitas. Durante el más ínfimo espacio de tiempo supo lo que había ocurrido, y después perdió el equilibrio, y la multitud de observadores rugió enardecida, y Voldemort gritó.Harry lo sintió mientras se giraba a cámara lenta. Vio a McGonagall, Kingsley y Slughorn salir despedidos hacia atrás, agitándose y contorsionándose en el aire, cuando la furia de Voldemort ante la caída de su última y mejor lugarteniente explotó con la fuerza de una bomba. Voldemort alzó la varita y la apuntó hacia Molly Weasley.-¡Protego! -rugió Harry, y el Encantamiento Escudo se expandió en medio del Salón, y Voldemort miró alrededor en busca de la fuente mientras Harry se quitaba la Capa de Invisilibidad al fin.El chillido de sorpresa, los vitores, los gritos de por todos lados: "¡Harry! ¡ESTÁ VIVO!" fueron ahogados de inmediato. La multitud tenía miedo, y el silencio cayó abrupta y completamente cuando Voldemort y Harry se miraron el uno al otro, y empezaron, al mismo tiempo, a girar en círculos.-No quiero que ningún otro ayude, -dijo Harry en voz alta, y en el silencio absoluto su voz sonó como la llamada de una trompeta-. Así es como debe ser. Tengo que ser yo.Voldemort siseó.-Potter no quiere decir eso, -dijo, sus ojos rojos estaban abiertos de par en par-. Así no es como funciona, ¿verdad? ¿A quién vas a utilizar como escudo hoy, Potter?-A nadie, -dijo Harry simplemente-. No hay más Horrocruxes. Solos tú y y yo. Ninguno puede vivir mientras el otro sobreviva, y uno de nosotros está a punto de desaparecer para siempre.-¿Uno de nosotros? -se burló Voldemort, y todo su cuerpo estaba tenso y sus ojos rojos fijos, una serpiente a punto de atacar-. ¿Crees que serás tú, eh, el chico que ha sobrevivido por accidente, y porque Dumbledore tiraba de sus cuerdas?-¿Fue un accidente, cuando me salvó mi madre? -preguntó Harry. Se movian lentamente de lado, ambos, en un círculo perfecto, manteniendo la misma distancia el uno del otro, y para Harry no existía más cara que la de Voldemort-. ¿Accidente, cuando decidi luchar en ese cementerio? ¿Accidente, que no me defendiera esta noche, y aún así sobreviviera, y volviera para luchar?-¡Accidentes! -gritó Voldemort, pero aún así no atacaba, y la multitud de observadores estaba congelada, como Petrificados, y los cientos de personas del Vestibulo, nadie parecía respirar excepto ellos dos-. Accidente y casualidades y el hecho de que te escondes y gimoteas tras las faldas de grandes hombres y mujeres, ¡y me permites matarles en tu lugar!-No matarás a nadie más esta noche, -dijo Harry mientras giraban, y se miraban directamente a los ojos, verde contra rojo-. No podrás volver a matar nunca a ninguno de ellos. ¿No lo coges? Estaba preparado para morir para evitar que hicieras daño a esta gente...-¡Pero no lo hiciste!-...tenía intención de hacerlo, y eso es lo que cuenta. Hice lo que hizo mi madre. Protegerles de ti. ¿No has notado como ninguno de los hechizos que les has lanzado les han tocado? No puedes torturarles. No puedes tocarles. No has aprendido de tus errores, Riddle, ¿verdad?-Te atreves...-Si, me atrevo -dijo Harry-. Sé cosas que tú no sabes, Tom Riddley. Sé un montón de cosas que tú no. ¿Quieres oir algunas, antes de cometer otro gran error?Voldemort no habló, pero rondaba en circulos, y Harry sabía que le tenía temporalmente hipnotizado, contenido por la idea de que hubiera la más mínima posibilidad de que Harry pudiera saber un secreto definitivo...-¿El amor de nuevo? -dijo Voldemort, su cara de serpiente se burlaba-. La solución favorita de Dumbledore, que él afirmaba conquistaba a la muerte, aunque el amor no evitó que cayera de la torre y se rompiera como un muñeco de cera vieja. Amor, que no evitó que aplastara a tu madre sangre sucia como a una cucaracha, Potter... y nadie parece amarte a ti lo suficiente como para adelantarse estaba vez e interceptar mi maldición. ¿Qué evitará entonces que mueras esta vez cuando ataque?-Solo una cosa -dijo Harry, y siguieron rodeándose el uno al otro, absortos el uno en el otro, separados solo por el último secreto.-Si no es el amor lo que te salvará esta vez, -dijo Voldemort- debes creer que tienes una magia que yo no tengo, o alguna otra cosa, ¿un arma más poderasa que la mía?-Las dos cosas, creo -dijo Harry, y vio el destello de sorpresa cruzar la cara de serpiente, aunque se disipó instantáneamente. Voldemort empezó a reir, y el sonido fue más aterrador que sus gritos, enloquecido y sin humor, y resonó a través del silencioso Salón.-¿Crees que conoces magia que yo no? -dijo-. ¿Que yo, que Lord Voldemort, que ha realizado magia con la que ni siquiera el propio Dumbledore habría soñado jamás?-Oh, soñó con ella, -dijo Harry- pero sabía más que tú, sabía lo suficiente para no hacer lo que tú.-¡Quieres decir que era débil! -gritó Voldemort-. Demasiado débil como para atreverse, demasiado débil como para coger lo que podría haber sido suyo, ¡lo que será mío!-No, era más astuto que tú, -dijo Harry- mejor mago, y mejor hombre.-¡Yo ordené la muerte de Albus Dumbledore!-Crees haberlo hecho, -dijo Harry- pero estás equivocado.Por primera vez, la multitud de observadores se movió cuando cientos de personas alrededor de las paredes respiraron como una.-¡Dumbledore está muerto! -Voldemort arrojó las palabras a Harry como si estas le causaran un dolor insoportable-. Su cuerpo se pudre en una tumba de mármol en los terrenos de este castillo. Yo le vi, Potter, ¡y no volverá!-Si, Dumbledore está muerto, -dijo Harry tranquilamente-. pero no fuiste tú quien lo mató. Eligió su propia forma de morir, la eligió meses antes de morir, lo arregló todo con el hombre al que creías tu sirviente.-¿Que sueño infantil es este? -dijo Voldemort, pero todavía no atacaba, y sus ojos rojos no se separaban de los de Harry.-Severus Snape no era uno de tus hombres-. dijo Harry-. Lo era de Dumbledore. De Dumbledore desde el momento en que empezarse a perseguir a mi madre. Y nunca lo comprendiste, porque es la única cosa que no puedes entender. ¿Nunca viste que a Snape lanzar un Patronus, Riddle?Voldemort no respondió. Continuaron girando uno alrededor del otro como lobos dispuestos a hacer trizas al otro.-El Patronus de Snape era una cierva -dijo Harry-, como el de mi madre, porque la amó durante casi toda su vida, desde que eran niños. Deberías haberlo notado, -dijo cuando vio llamear las fosas nasales de Voldemort-, te pidió que le perdonaras la vida, ¿verdad?-La deseaba, eso era todo, -dijo Voldemort con desprecio-, pero cuando desapareció, él estuvo de acuerdo en que habían otras mujeres, y de sangre pura, que le merecerían...-Por supuesto que te dijo eso -dijo Harry-. pero fue espia de Dumbledore desde el momento en que la amenazaste, y ha estado trabajando contra tí desde entonces! ¡Dumbledore ya se estaba muriendo cuando Snape acabó con él!-¡Eso no importa! -chilló Voldemort, que había seguido cada palabra con absorta atención, pero ahora dejó escapar un cacareo de risa enloquecida-. ¡No importa si Snape era mío o de Dumbledore, o que mezquinos obstáculos trató de poner en mi camino! Los aplasté como aplasté a tu madre, ¡el supuesto gran amor de Snape! ¡Oh, pero todo cobra sentido, Potter, y de formas que no tú no entiendes!¡Dumbledore estaba intentando mantener la Varita de Sauco lejos de mí! ¡Su intención era que Snape fuera el auténtico amo de la varita! Pero yo voy por delante de tí, muchachito. ¡Cogí la varita antes de que consiguieras poner sus manos en ella! ¡Entendi la verdad antes que tú! ¡Maté a Severus Snape hace tres horas, y la Varita de Sauco, la Vara de la Muerte, la Varita del Destino es verdaderamente mía! ¡El último plan de Dumbledore salió mal, Harry Potter!-Si, lo hizo -dijo Harry-. Tienes razón. Pero antes de que me mates, te aconsejo que pienses en lo que has hecho... Piensa, e intenta sentir algo de remordimiento, Riddley...-¿Que es esto?De todas las cosas que Harry le había dicho, más allá de cualquier revelación o burla, nada había sorprendido a Voldemort como esto. Harry vio sus pupilas contraerse en las finas rendijas, vio la piel alrededor de sus ojos quedarse blanca.-Es tu última oportunidad, -dijo Harry-, todo lo que te queda... he visto lo que hubieras sido de otro modo... Sé un hombro... inténtalo... Intenta sentir algún remordimiento...-¿Te atreves...? -dijo Voldemort de nuevo.-Si, me atrevo, -dijo Harry-, porque el último plan de Dumbledor no se ha vuelto contra mí en absoluto. Se ha vuelto contra tí, Riddle.La mano de Voldemort estaba temblando sobre la Varita de Sauco, y Harry aferraba la de Draco muy firmemente. El momento, lo sabía, estaba a solo segundos.-La varita todavía no funciona apropiadamente para ti porque mataste a la persona equivocada. Severus Snape nunca fue el auténtico amo de la Varita de Sauco. Nunca derrotó a Dumbledore.-Le mató...-¿No has estado escuchando? ¡Snape nunca derrotó a Dumbledore! ¡La muerte de Dumbledore estaba planeada! Dumbledore tenía intención de morir, sin ser derrotado, el último amo de la varita! ¡Si todo hubiera salido tal y como estaba planeado, el poder de la varita habría muerto con él, porque nunca ha sido derrotado!-¡Pero entonces, Potter, Dumbledore fue tan amable de darme la varita! -la voz de Voldemort se sacudía con malicioso placer-. ¡Robé la varita de la tumba de su último amo! ¡La cogí contra los deseos del último amo! ¡El poder es mío!-¿Todavía no lo coges, verdad, Riddley? ¡La posesión de la varita no es suficiente! Sujetarla, utilizarla, no la hace realmente tuya. ¿No oiste a Ollivander? La varita elige al mago... La Varita de Sauco reconoció a un nuevo amo antes de que Dumbledore muriera, alguien que nunca puso su mano en ella. El nuevo amo le quitó la varita a Dumbledore contra su voluntad, sin comprender nunca lo que había hecho exactamente, o que la varita más peligrosa del mundo le había otorgado su lealtad...El pecho de Voldemort se alzaba y caía rápidamente, y Harry podía sentir la maldición llegando, la sintió formarse dentro de la varita apuntada hacia su cara.-El auténtico amo de la Varita de Sauco era Draco MalfoyUna sorpresa estupefacta se mostró por un momento en la cara de Voldemort, pero entonces desapareció.-¿Y qué importa eso? -dijo suavemente-. Incluso si tienes razón, Potter, eso no supone ninguna diferencia entre tú y yo. Ya no hay varitas de fénix. Será un duelo solo de habilidad... y después de que te haya matado, puedo ocuparme de Draco Malfoy...-Pero llegas demasiado tarde, -dijo Harry-. Perdíste tu oportunidad. Yo llegué primero. Vencí a Draco hace semanas. Le quité su varita.Harry ondeó la varita de espino, y sintió los ojos de todo el mundo en el Salón posados en ella.-Asi que todo se reduce a eso, ¿verdad? -susurró Harry-. ¿Sabe la varita que está en tu mano que su último amo fue Desarmado? Porque si lo sabe... yo soy el auténtico amo de la Varita de Sauco.Un rayo rojo estalló repentinamente cruzando el cielo encantado sobre ellos cuando el borde del sol deslumbrante apareció sobre el alféizar de la ventana más cercana. La luz golpeó ambas caras al mismo tiempo, haciendo que la de Voldemort pareciera repentinamente un borrón llameante. Harry oyó a la voz más aguda gritar y también el gritó esperando lo mejor, apuntando la varita de Draco.-¡Avada Kedavra!-¡Expelliarmus!La explosión fue como el disparo de un cañón, y las llamas doradas que estallaron entre ellos, marcando el centro del círculo que habían estado trazando, en el punto donde los hechizos colisionaron. Harry vio el rayo verde de Vodemort encontrarse con su propio hechizo, vio la Varita de Sauco volar alto, oscura contra el amanecer, girando por el techo encantado como la cabeza de Nagini, dando vueltas a través del aire hacia el amo al que no podía matar, que había tomado posesión absoluta de ella al fin. Y Harry, con la habilidad infalible de un Buscador, cogió la varita con la mano libre mientras Voldemort retrocedía, con los brazos abiertos y los ojos escarlata de pupilas verticales mirando hacia arriba. Tom Riddley golpeó el suelo con mundana banalidad, su cuerpo débil y encogido, las manos blancas vacías, la cara de serpiente vacía e ignorante.Voldemort estaba muerto, muerto por su propia maldición rebotada, y Harry estaba en pie con dos varitas en las manos, mirando al cadáver de su enemigo.Un estremecedor segundo de silencio, la sorpresa del momento quedó suspendida, y después el tumulto estalló alrededor de Harry mientras gritos, vítores y rugidos de los observadores llenaban el aire.La ferocidad del nuevo sol atravesaba las ventanas cuando corrieron hacia él y los primeros en alcanzarle fueron Ron y Hermione, y fueron sus brazos los que le rodearon, sus gritos incomprensibles los que le ensordecieron. Los de Ginny, Neville, y Luna estaban allí, y todos los Weasleys y Hagrid, y Kingsley y McGonagall y Flitwick y Sprout, y Harry no podía oir ni una palabra de que lo todos estaban gritando, ni decir que manos estrechaban las suyas, tirando de él, intentando abrazar alguna parte de él, cientos de ellos presionando, todos decididos a tocar al Chico Que Vivió, la razón de que todo hubiera acabado al fin.El sol se había alzado completamente sobre Hogwarts, y el Gran Salon hervía de vida y luz. Harry era una parte indispensable de la mezcla de efusiones de júbilo y luto, de pena y celebración. Deseaban que estuviera allí con ellos, su líder y símbolo, su salvador y su guía, y que no había dormido, que anhelaba la compañía de solo unos pocos de ellos, no parecía ocurrírsele a ninguno. Debía dar el pésame, estrechar manos, presenciar lágrimas, recibir agradecimientos, oir las noticias que llegaban poco a poco de todas partes mientras la mañana pasaba: que por todas partes del país los maldecidos por la Maldición Imperius habían vuelto a su verdadero ser, que los mortifagos se daban a la fuga o estaban siendo capturados, que los inocentes de Azkaban serían liberados en cualqueir momento, y que Kingsley Shacklebot había sido nombrado temporalmente Ministro de Magia.Movieron el cuerpo de Voldemort y lo tendieron en una cámara junto al Vestíbulo, lejos de los cuerpos de Fred, Tonks, Lupin, Colin Creevey, y cincuenta estudiantes más que habían muerto luchando. McGonagal había vuelto a colocar las mesas de las Casas, pero ya nadie se sentaba de acuerdo con su Casa. Estaban todos apiñados juntos, profesores y pupilos, fantasmas y padres, centauros y elfos domésticos, y Firenze yacía recuperándose en una esquina, y Grawp espiaba a través de una ventana destrozada, y la gente se tiraba comida a las bocas sonrientes.Después de un rato, exhausto y agotado, Harry se encontró sentado en un banco junto a Luna.-Si yo fuera tú, querría algo de paz y tranquilidad.-Me encantaría, -replicó él.-Yo les distraeré, -dijo ella-. Usa tu capa.Y antes de que pudiera decir una palabra, ella gritó.-¡Ooooh, mirad, un Blibbering Hundinger! -Y señaló a la ventana. Todo el que la había oído miró, y Harry se deslizó la Capa por encima, y se puso en pie.Ahora se podía mover por el Salón sin interferencia. Divisó a Ginny a dos mesas de distancia, estaba sentada con la cabeza sobre el hombro de su madre. Habría tiempo de hablar después, horas y días y quizás años en los que hablar. Vio a Neville, la espada de Gryffindor yacía junto a su plato mientras comía, rodeado por un grupo de fervientes admiradores.Avanzó a lo largo del pasillo entre las mesas, y divisó a los tres Malfoy, apiñados juntos como inseguros de si se suponía o no que debían estar allí, pero nadie les prestaba ninguna atención. A donde quiera que mirara, veía familias reunidas, y finalmente, vio a los dos cuya compañía más anhelaba.-Soy yo, -murmuró, agachándose entre los dos-. ¿Venís conmigo?Se pusieron en pie al instante, y juntos, él, Ron y Hermione abandonaron el Gran Salón. Habían desaparecido grandes trozos de la escalera de mármol, parte de la balaustrada había volado, y encontraron escombros y manchas de sangre cada pocos escalones mientras subían.En algún lugar en la distancia pudieron oir a Peeves zumbando a través de los corredores cantando una canción de victoria de su propia composición:Lo hicimos, le machacamos, Pottercito es el elegido,Y Voldy en el barro ha desaparecido, ¡así que ahora a divertirse!-Realmente te da una sensación de drama y tragedia, ¿verdad? -dijo Ron, empujando una puerta para dejar pasar a Harry y Hermione.La felicidad llegará, pensó Harry, pero en ese momento estaba amortiguada por el cansancio, el dolor de perder a Fred, Lupin y Tonks que le atravesaba como una herida física cada pocos pasos. La mayor parte de él se sentía estupendamente aliviado, y anhelaba dormir. Pero primero debía una explicación a Ron y Hermione, que habían aguantado con él durante tanto tiempo, y merecían la verdad. Relató cuidadosamente lo que había visto en el Pensadero y lo que había ocurrido en el bosque, y no habían empezado a expresar del todo su sorpresa y asombro, cuando al fin llegaron al lugar al que se habían estado dirigiendo, aunque ninguno de ellos había mencionado su destino.Desde que la había visto la última vez, la gargola que guardaba la entrada del despacho del director había sido volcada. Estaba inclinada, como un pequeño borracho, y Harry se preguntó si podría aún distinguir contraseñas.-¿Podemos subir? -preguntó a la gargola.-Paso libre -gimió la estatua.Escalaron sobre ella y subieron a la escalera de espiral que se movía lentamente hacia arriba como una escalera mecánica. Harry abrió la puerto al llegar a lo alto.Captó un breve vistazo del Pensadero sobre el escritorio donde él lo había dejado, y entonces oyó un ruido ensordecedor que le hizo gritar, pensando en maldiciones y mortifagos y en Voldemort renacido.Pero era un aplauso. En todas las paredes, los directores y directoras de Hogwarts le estaban dedicando una ovación en pie. Ondeaban sus sombreros y en algunos casos alas, se extendian a través de sus marcos para extrechar las manos de los demás, danzaban arriba y abajo en las sillas en las que habían sido pintados. Dilys Derwen sollozaba desvergonzadamente. Dexter Fortescui estaba ondeando su trompetilla, y Phineas Niggelus gritaba, con su voz alta y aflautada "¡Y deja claro que la Casa Slytherin ha tomado parte en ello! ¡No dejes que nuestra contribución sea olvidada!Pero Harry tenía ojos solo para el hombre que estaba en pie en el retrato más grande, directamente tras la silla del director. Corrían lágrimas por sus mejillas tras las gafas de medialuna hasta la larga barba plateada, y el orgullo y la gratitud emanaban de él llenando a Harry con el mismo bálsamo consolador que la canción del fénix.Al fin, Harry alzó las manos, y los retratos cayeron en un respetuoso silencio, sonriendo y secándose los ojos y esperando ansiosamente a que hablara.Dirigió sus palabras a Dumbledore, sin embargo, y las eligió con enorme cuidado. Exhausto y con los ojos enrojecidos como estaba, debía hacer un último esfuerzo, buscar un último consejo.-Lo que estaba oculto en la Snitch, -empezó- lo dejé caer en el bosque. Sé donde exactamente, pero no voy a volver a buscarlo. ¿Está de acuerdo?-Mi querido muchacho, lo estoy -dijo Dumbledore, mientras sus compañeros retratos parecían confusos y curiosos-. Una sabia y valerosa decisión, pero no es menos de lo que habría esperado de ti. ¿Alguien más sabe donde cayó?-Nadie -dijo Harry, y Dumbledore asintió con satisfacción.-Sin embargo voy a conservar el regalo de Ignotus, -dijo Harry, y Dumbledore sonrió.-Por supuesto, Harry, es tuya para siempre, ¡hasta que la pases!-Y luego está esto.Harry sostuvo en alto la Varita de Sauco, y Ron y Hemione la miraban con tal reverencia, que ni siquiera en su estado falto de sueño y aturdido, a Harry le gustaba ver.-No la quiero -dijo Harry.-¿Qué? -dijo Ron ruidosamente-. ¿Estás loco?-Sé que es poderosa. -dijo Harry cansado-. Pero estaría mucho más contento con la mía. Así que...Hurgó en la bolsita que colgaba de su cuello y sacó las dos mitades de la varita de acebo todavía conectadas por la más fina hebra de pluma de fénix. Hermione había dicho que no podía ser reparada, que el daño era demasiado severo. Él lo único que sabía es que si esto no funcionaba, nada lo haría.Tendió la varita rota sobre el escritorio del director, la tocó con la punta de la Varita de Sauco, y dijo. -Reparo.Cuando su varita se selló, chispas rojas salieron de su extremo. Harry sabía que había tenido éxito. Recogió la de varita de acebo y fénix y sintió una calidez en sus dedos, cuando varita y mano celebraron su reunión.-Pondré la Varita de Sauco -dijo a Dumbledore, que le estaba observando con enorme afecto y admiración- otra vez donde estaba. Puede quedarse aquí. Si muero de muerte natural como Ignotus, su poder se romperá, ¿no? El anterior amo nunca habrá sido derrotado. Ese será su final.Dumbledore asintió. Se sonrieron el uno al otro.-¿Estás seguro? -dijo Ron. Habia un ligero rastro de anhelo en su voz mientras mira a la Varita de Sauco.-Creo que Harry tiene razón, -dijo Hermione tranquilamente.-Esta varita da más problemas de los que vale -dijo Harry-. Para ser honestos, -se alejó de los retratos, pensando ahora solo en la cama de cuatro postes que le esperaba en la Torre de Gryffindor, y preguntándose si Kreacher podría llevarle un sandwich allí-,ya he tenido suficientes problemas para toda una vida.

Capítulo 35: King's Cross

Yacía bocabajo, escuchando el silencio. Estaba absolutamente solo. Nadie lo estaba mirando. Nadie más estaba allí. No estaba completamente seguro de que él mismo estuviera allí.
Bastante tiempo después, o quizá en ese mismo instante, le vino el pensamiento de que debía de existir, debía de ser más que un pensamiento incorpóreo, ya que estaba tendido, definitivamente tendido sobre alguna superficie. Por tanto tenía el sentido del tacto, y la cosa contra la que estaba tendido también existía.
Casi en el momento en que llegó a esa conclusión, Harry se dio cuenta de que estaba desnudo. Convencido como estaba de su total aislamiento, esto no le preocupó, pero sí le intrigó levemente. Si bien podía sentir, se preguntó si también podría ver. Abriéndolos, descubrió que tenía ojos.
Yacía en medio de una brillante neblina, aunque no era como las otras neblinas que siempre había experimentado. Los alrededores no estaban ocultos por vapor nublado; más bien el vapor nublado no se había formado a su alrededor. El suelo en el que estaba echado parecía ser blanco, ni caliente ni frío, simplemente así, un espacio liso y blanco en el que estar.
Se sentó. Su cuerpo parecía indemne. Se tocó la cara. Ya no llevaba las gafas puestas.
Entonces un ruido le llegó a través de la nada uniforme que le rodeaba: los pequeños y suaves golpeteos de algo que aleteaba, se sacudía y luchaba. Era un sonido lastimoso, pero también ligeramente indecente. Tenía la incómoda sensación de que estaba escuchando algo vergonzoso y furtivo.
Por primera vez, deseó estar vestido.
Casi al instante de formarse el deseo en su mente, unas túnicas aparecieron a corta distancia. Las cogió y se las puso. Eran suaves, limpias, y cálidas. Era extraordinario cómo simplemente habían aparecido así, en el momento en que las quería…
Se puso en pie mirando alrededor. ¿Estaba en alguna gran Sala de los Menesteres? Cuanto más lejos miraba, mas se veía. Un gran techo abovedado de cristal brillaba en lo alto bajo la luz del sol. Tal vez era un palacio. Todo estaba silencioso y quieto, exceptuando esos extraños golpeteos y sonidos gimoteantes que salían de algún lugar cercano, en la neblina…
Harry se giró lentamente, y los alrededores parecieron inventarse a si mismos ante sus ojos. Un gran espacio abierto, brillante y limpio, una grandiosa sala mucho más grande que el Gran Comedor, con ese límpido techo abovedado de cristal. Estaba bastante vacío. Era la única persona allí, excepto por…
Retrocedió. Había localizado la cosa que estaba haciendo los ruidos. Tenía la forma de un niño pequeño desnudo, arrebujado en el suelo, con la piel ajada y áspera, despellejada. Estaba temblando bajo el asiento donde había sido abandonado, no deseado, escondido fuera de vista, luchando por respirar.
Sintió miedo de él. Aunque era pequeño y frágil y estaba herido, no quería acercarse a él. Sin embargo, se fue acercando lentamente, listo para saltar hacia atrás en cualquier momento. Pronto estuvo lo suficientemente cerca para tocarlo, pero no fue capaz de hacerlo. Se sintió como un cobarde. Debería reconfortarlo, pero le causaba repulsión.
-No puedes ayudar.
Se dio la vuelta. Albus Dumbledore estaba andando hacia él, directo y lleno de energía, vistiendo prendas de un radical azul medianoche y con una túnica suelta de color azul medianoche.
-Harry -abrió los brazos ampliamente, y sus manos estaban enteras, blancas e intactas-. Chico maravilloso. Valiente, valiente hombre. Paseemos.
Atónito, Harry siguió a Dumbledore cuando este se alejó a grandes zancadas del gimoteante y despellejado niño, llevándolo a dos asientos que Harry no había notado previamente, que estaban colocados a cierta distancia bajo el alto y destellante techo. Dumbledore se sentó en uno de ellos y Harry en el otro, mirando la cara de su antiguo director. El largo cabello plateado y la barba de Dumbledore, los penetrantes ojos azules bajo las gafas de media luna, la nariz torcida: todo estaba como lo recordaba. Y aun así…
-Pero está muerto -dijo Harry.
-Oh, sí -dijo Dumbledore de forma práctica.
-Entonces… ¿también estoy muerto?
-Ah -dijo Dumbledore, sonriendo más abiertamente-. Esa es la cuestión ¿no es cierto? En conjunto, querido muchacho, creo que no.
Se miraron mutuamente, el hombre mayor todavía sonriendo.
-¿No? -repitió Harry.
-No -dijo Dumbledore.
-Pero… -Harry levantó instintivamente la mano hacia la cicatriz con forma de relámpago. No parecía que estar allí-. Pero debería haber muerto… ¡no me defendí! ¡Tenía la intención de dejar que me matara!
-Y esa voluntad -dijo Dumbledore-, pienso, marcó toda la diferencia.
La felicidad parecía irradiar de Dumbledore como una luz, como fuego. Harry nunca había visto al hombre tan completamente y palpablemente satisfecho.
-Explíquese -dijo Harry.
-Pero ya lo sabes –dijo Dumbledore. Se cruzó de brazos y jugueteó con los dedos.
-Dejé que me matase –dijo Harry-, ¿verdad?
-Lo hiciste –dijo Dumbledore, asintiendo con la cabeza-. ¡Sigue!
-Así que la parte de su alma que estaba en mí…
Dumbledore asintió todavía con más entusiasmo, instando a Harry a seguir, con una amplia sonrisa de aliento en la cara.
-… se ha ido?
-¡Oh sí! –dijo Dumbledore-. Sí, la destruyó. Tu alma está completa, y es completamente tuya, Harry.
-Pero entonces…
Harry miró por encima de su hombro, hacia donde la pequeña y mutilada criatura temblaba bajo la silla.
-¿Qué es eso, profesor?
-Algo que está más allá de nuestra ayuda –dijo Dumbledore.
-Pero si Voldemort usó la Maldición Asesina –empezó Harry otra vez-, y nadie murió por mí esta vez… ¿cómo puedo estar vivo?
-Creo que lo sabes –dijo Dumbledore-. Piensa en lo que pasó. Recuerda lo que hizo, en su ignorancia, en su codicia y crueldad.
Harry pensó. Dejó que su mirada vagase por los alrededores. Si efectivamente estaban sentados en un palacio, era uno extraño, con sillas colocadas en pequeñas filas y trozos de verja aquí y allá. Y aún así, él y Dumbledore y la atrofiada criatura bajo la silla eran los únicos seres allí. Entonces la respuesta brotó en sus labios con facilidad, sin esfuerzo.
-Tomó mi sangre –dijo Harry.
-¡Precisamente! –dijo Dumbledore-. ¡Tomó tu sangre y reconstruyó su cuerpo vivo con ella! Tu sangre en sus venas, Harry, ¡la protección de Lily dentro de ambos! ¡Te ató a la vida mientras él viva!
-Yo vivo… ¿mientras él vive? Pero pensé… ¡pensé que era al revés! Pensé que ambos teníamos que morir. ¿O es lo mismo?
Fue distraído por los gemidos y golpeteos de la criatura que agonizaba tras ellos, y de nuevo miró hacia atrás para verla.
-¿Está seguro de que no podemos hacer nada?
-No hay ayuda posible.
-Entonces explíqueme… más –dijo Harry, y Dumbledore sonrió.
-Tú fuiste el séptimo Horrocrux, Harry, el Horrocrux que nunca tuvo intención de hacer. Había vuelto su alma tan inestable que se rompió en pedazos cuando cometió esos actos de atroz maldad, el asesinato de tus padres, el intento de matar a un niño. Pero lo que escapó de esa habitación fue menos de lo que supo. Dejó algo más que su cuerpo detrás. Dejó parte de su alma pegada a ti, la víctima en potencia que había sobrevivido.
»¡Y su conocimiento permaneció deplorablemente incompleto, Harry! Aquello a lo que Voldemort no da valor, no se toma la molestia de entender. De elfos domésticos y cuentos de niños, de amor, lealtad e inocencia, Voldemort no sabe ni entiende nada. Nada. Que todos tienen un poder más allá del suyo, un poder más allá del alcance de cualquier magia, es una verdad que nunca ha comprendido.
»Tomó tu sangre pensando que lo haría más fuerte. Tomó en su cuerpo una pequeña parte del encantamiento que tu madre colocó en ti cuando murió por salvarte. El cuerpo de Voldemort mantiene su sacrificio vivo, y mientras ese encantamiento sobreviva, asimismo lo harás tú y también la última esperanza de Voldemort para sí mismo.
Dumbledore sonrió a Harry y éste lo miró.
-¿Y usted sabía todo esto? Lo sabía… ¿todo este tiempo?
-Lo suponía. Pero mis suposiciones normalmente han sido buenas –dijo Dumbledore con alegría, y continuaron sentados en silencio durante lo que pareció un largo rato, mientras la criatura que estaba detrás continuaba gimiendo y temblando.
-Hay más –dijo Harry-. Hay más sobre eso. ¿Por qué mi varita rompió la que él había tomado prestada?
-Sobre eso no puedo estar seguro.
-Haga una conjetura, entonces. –dijo Harry, y Dumbledore rió.
-Lo que debes entender, Harry, es que tú y Lord Voldemort habéis viajado juntos en dominios de la magia hasta el momento desconocidos y no probados. Pero esto es lo que creo que pasó, y no tiene precedente, y pienso que ningún fabricante de varitas se lo podría haber pronosticado o explicado a Voldemort.
»Sin tener intención de ello, como sabes ahora, Lord Voldemort dobló el vínculo entre vosotros cuando volvió a la forma humana. Un parte de su alma todavía estaba pegada a la tuya, y pensando en fortalecerse, tomó una parte del sacrificio de tu madre en sí mismo. Si sólo hubiese entendido el preciso y terrible poder de ese sacrificio, tal vez no se habría atrevido a tocar tu sangre… Pero entonces, si hubiese sido capaz de entenderlo, no podría ser Lord Voldemort, y quizás nunca habría asesinado.
»Habiendo asegurado esta conexión doble, habiendo enlazado vuestros destinos juntos con más seguridad de lo que alguna vez dos magos han estado unidos en la historia, Voldemort procedió a atacarte con una varita que compartía núcleo con la tuya. Y entonces algo muy extraño pasó, como sabemos. Los núcleos actuaron de una forma que Lord Voldemort, que nunca supo que tu varita era una gemela de la suya, nunca habría esperado.
»Tenía mucho más miedo que tú esa noche, Harry. Habías aceptado, incluso abrazado la posibilidad de la muerte, algo de lo que Lord Voldemort nunca ha sido capaz. Tu valentía ganó, tu varita sobrepasó en poder a la suya. Y al hacer eso, algo pasó entre esas dos varitas, algo que repitió la relación entre sus amos.
»Creo que tu varita se imbuyó de parte del poder y las cualidades de la varita de Voldemort esa noche, que es lo mismo que decir que pasó a contener un poco del mismo Voldemort. Así que tu varita lo reconoció cuando te persiguió, reconoció al hombre que era a la vez familiar y enemigo mortal, y regurgitó parte de su propia magia contra él, magia mucho más poderosa que la que la varita de Lucius había realizado alguna vez. Tu varita ahora contiene el poder de tu enorme valentía y la propia habilidad mortal de Voldemort: ¿Qué oportunidad tenía esa pobre ramita de Lucius Malfoy?
-Pero si mi varita era tan poderosa, ¿cómo es que Hermione fue capaz de romperla? –preguntó Harry.
-Mi querido muchacha, sus extraordinarios efectos fueron únicamente dirigidos a Voldemort, que había interferido de forma tan poco aconsejable con las leyes más profundas de la magia. La varita sólo fue anormalmente poderosa al enfrentarse a él. Por lo demás era una varita tan normal como cualquier otra… aunque una muy buena, estoy seguro –terminó Dumbledore amablemente.
Harry permaneció sentado pensando durante bastante tiempo, o tal vez segundos. Ahí era bastante complicado estar seguro de cosas como el tiempo.
-Me mató con su varita.
-Falló al matarte con mi varita –corrigió Dumbledore a Harry-. Creo que podemos estar de acuerdo en que no estás muerto… aunque, por supuesto –añadió, como si temiese haber sido descortés-, no minimizo tus sufrimientos, que estoy seguro fueron severos.
-Aunque ahora me siento genial –dijo Harry, bajando la vista a sus manos limpias y sin manchas-. ¿Dónde estamos, exactamente?
-Bueno, te iba a preguntar eso –dijo Dumbledore, mirando alrededor-. ¿Dónde dirías que estamos?
Hasta que Dumbledore lo preguntó, Harry no lo había sabido. Ahora, sin embargo, se encontró con que tenía una respuesta preparada.
-Parece –dijo lentamente-, la estación de King’s Cross. Excepto que mucho más limpia y vacía, y por lo que puedo ver, no tiene trenes.
-¡La estación de King’s Cross! –Dumbledore se estaba riendo entre dientes excesivamente-. ¿Dios mío, de verdad?
-Bueno, ¿dónde piensa usted que estamos? –dijo Harry, un poco a la defensiva.
-Mi querido muchacho, no tengo ni idea. Esto es, como dicen, tu fiesta.
Harry no tenía ni idea de lo que quería decir eso; Dumbledore estaba siendo exasperante. Lo miró airado, y entonces recordó una pregunta mucho más apremiante que esa de su actual localización.
-Las Reliquias de la Muerte –dijo, y se alegró al ver que las palabras le borraban la sonrisa a los labios de Dumbledore.
-Ah, sí –dijo él. Incluso parecía un poco preocupado.
-¿Bueno?
Por primera vez desde que Harry conocía a Dumbledore, pareció menos un hombre mayor, mucho menos. Fugazmente pareció un niño pequeño pillado en una maldad.
-¿Puedes perdonarme? –dijo-. ¿Puedes perdonarme por no confiar en ti? ¿Por no decírtelo? Harry, sólo temía que fallases como yo lo había hecho. Temía que cometieses mis errores. Ansío tu perdón, Harry. He sabido, desde hace bastante tiempo, que eres el mejor hombre de los dos.
-¿De qué está hablando? –preguntó Harry, sobresaltado por el tono de Dumbledore, por las repentinas lágrimas en sus ojos.
-Las Reliquias, las Reliquias –murmuró Dumbledore-. ¡El sueño de un hombre desesperado!
-¡Pero son reales!
-Reales y peligrosas, y un atractivo para los tontos –dijo Dumbledore-. Y yo era tan tonto. Pero lo sabes, ¿verdad? Ya no tengo más secretos para ti. Lo sabes.
-¿Qué sé?
Dumbledore giró todo su cuerpo para enfrentar a Harry, y las lágrimas todavía destellaban en los brillantes ojos azules.
-El amo de la muerte, Harry, ¡el amo de la Muerte! ¿En última instancia, fui mejor que Voldemort?
-Por supuesto que lo fue –dijo Harry-. Por supuesto… ¿cómo puede preguntar eso? ¡Nunca mataba si podía evitarlo!
-Cierto, cierto –dijo Dumbledore, que parecía un niño buscando confianza-. Y aún así busqué una manera de conquistar a la muerte, Harry.
-No de la forma que él lo hizo –dijo Harry. Después de toda su rabia contra Dumbledore, qué extraño era sentarse ahí, bajo el alto techo abovedado, y defender a Dumbledore de sí mismo-. Reliquias, no Horrocruxes.
-Reliquias –murmuró Dumbledore-, no Horrocruxes. Precisamente.
Hubo una pausa. La criatura detrás de ellos gimoteó, pero Harry no volvió a mirar alrededor.
-¿Grindelwald también las buscaba? –preguntó.
Dumbledore cerró los ojos un momento y asintió.
-Era la cosa, por encima de todo, que nos acercó. –dijo en vos baja-. Dos chicos listos y arrogantes con una obsesión común. Quería ir al Valle de Godric, como estoy seguro de que acertaste, debido a la tumba de Ignotus Peverell. Quería explorar el lugar donde el tercer hermano había muerto.
-¿Entonces es cierto? –preguntó Harry-. ¿Todo eso? Los hermanos Peverell…
-… fueron los tres hermanos del cuento –dijo Dumbledore, asintiendo-. Oh, sí, creo que sí. Si conocieron o no a la Muerte en un camino solitario… creo que es más probable que los hermanos Peverell fuesen simplemente magos dotados y peligrosos que consiguieron crear esos objetos poderosos. La historia de que fuesen las propias Reliquias de la Muerte, me parece el tipo de leyenda que podría haberse extendido alrededor de esas creaciones.
»La Capa, como sabes ahora, viajó a través de los años, de padre a hijo, de madre a hija, hasta el último descendiente vivo de Ignotus, que nació, al igual que Ignotus, en el pueblo del Valle de Godric.
Dumbledore sonrió a Harry.
-¿Yo?
-Tú. Has adivinado, lo sé, porqué la Capa estaba en mi posesión la noche en que tus padres murieron. James me la había enseñado justo unos días antes. ¡Explicaba tanto sus travesuras no descubiertas en el colegio! Apenas podía creer lo que estaba viendo. Se la pedí prestada, para examinarla. Hacía mucho que había desistido de mis sueño de juntar las Reliquias, pero no pude resistirme, no pude evitar querer examinarla… Era una Capa como nunca había visto, extremadamente antigua, perfecta en todos los sentidos… y entonces tu padre murió, y yo tuve dos Reliquias, ¡todas para mí!
Su tono era insoportablemente amargo.
-Aunque la Capa no les habría ayudado a sobrevivir –dijo Harry con rapidez-. Voldemort sabía dónde estaban mis padres. La Capa no les habría hecho inmunes a las maldiciones.
-Cierto –suspiró Dumbledore-. Cierto.
Harry esperó, pero Dumbledore no habló, por lo que apuntó:
-¿Así que había abandonado la búsqueda de las Reliquias cuando vio la Capa?
-Oh sí –dijo Dumbledore débilmente. Parecía que se estaba obligando a encontrar los ojos de Harry-. Sabes lo que pasó. Lo sabes. No puedes despreciarme más de lo que me desprecio a mí mismo.
-Pero no le desprecio.
-Entonces deberías hacerlo –dijo Dumbledore. Tragó aire profundamente-. Conoces el secreto de la mala salud de mi hermana, lo que le hicieron esos muggles, en lo que se convirtió. Sabes cómo mi pobre padre buscó la venganza, y pagó el precio, muriendo en Azkaban. Sabes cómo mi madre renunció a su propia vida para cuidar de Ariana.
»Yo estaba resentido por eso, Harry.
Dumbledore lo indicó sin rodeos, con frialdad. Ahora estaba mirando por encima de la cabeza de Harry, hacia la distancia.
-Tenía dones, Harry, era brillante. Quería escapar. Quería brillar. Quería la Gloria.
»No me malinterpretes. –dijo, y el dolor cruzó su cara, de modo que de nuevo parecía un anciano-. Los amaba, amaba a mis padres. Amaba a mi hermano y a mi hermana, pero era egoísta, Harry, más egoísta de lo que tú, que eres una persona extraordinariamente desinteresada, puedas imaginar.
»Entonces, cuando mi madre murió y quedé responsable de una hermana dañada y un hermano caprichoso, volví al pueblo con ira y amargura. ¡Atrapado y desaprovechado!, pensé. Y entonces por supuesto, él vino…
dumbledore miró nuevamente a Harry a los ojos.
-Grindelwald. No te puedes imaginar cómo sus ideas me atraparon, Harry, me excitaron. Muggles forzados al servilismo. Nosotros los magos, triunfantes. Grindelwald y yo, los gloriosos jóvenes líderes de la revolución.
»Oh, tuve unos pocos escrúpulos. Calmé a mi conciencia con palabras vacías. Todo sería para el bien superior, y cualquier daño hecho sería reparado cien veces más en beneficios para los magos. ¿Sabía, en lo más profundo de mi corazón, lo que era Gellert Grindelwald? Creo que lo sabía, pero cerré los ojos. Si los planes que estábamos haciendo daban resultado, todos mis sueños se harían realidad.
»Y en el corazón de nuestras maquinaciones, ¡las Reliquias de la Muerte! ¡Cómo le fascinaban, cómo nos fascinaban a los dos! ¡La varita invencible, el arma que nos llevaría al poder! La Piedra de Resurrección… para él, aunque yo fingía no saberlo, ¡significaba un ejército de Inferi! Para mí, te confieso, significaba la vuelta de mis padres, y que se fuesen todas las responsabilidades de mis hombros.
»Y la Capa… por alguna razón, nunca discutimos mucho la Capa, Harry. Ambos nos ocultábamos lo suficientemente bien sin la Capa, cuya verdadera magia, por supuesto, es que se podía usar para proteger y escudar a otros además de a su dueño. Pensé que si alguna vez la encontrábamos, podría ser útil para esconder a Adriana, pero nuestro interés en la Capa era principalmente que completaba el trío, ya que la leyenda decía que el hombre que uniese los tres objetos sería el verdadero amo de la Muerte, lo que nosotros pensábamos que significaba "invencible".
»¡Invencibles amos de la Muerte, Grindelwald y Dumbledore! Dos meses de locura, de sueños crueles, y de abandono de los únicos dos miembros de mi familia que me quedaban.
»Y entonces… ya sabes lo que pasó. La realidad volvió en forma de mi brusco, poco académico e infinitamente mucho más admirable hermano. No quise escuchar las verdades que me gritó. No quise escuchar que no podía exponerme y buscar las Reliquias con una frágil e inestable hermana a cuestas.
»La discusión se convirtió en una pelea. Grindelwald perdió el control. Eso que siempre había sentido en él, aunque fingía que no, ahora se volvió un ser terrible. Y Ariana… después de todo el cuidado y precaución de mi madre… yació muerta en el suelo.
Dumbledore soltó un pequeño jadeo y empezó a llorar de verdad. Harry estiró la mano y se alegró al encontrarse con que podía tocarlo. Lo agarró del brazo con fuerza, y gradualmente Dumbledore recuperó el control.
-Bueno, Grindelwald escapó, como cualquiera menos yo podía haber pronosticado. Se desvaneció, con sus planes de alcanzar el poder, y sus maquinaciones de torturas a muggles, y sus sueños sobre las Reliquias de la Muerte, sueños en los que lo había animado y ayudado. Escapó, mientras yo me quedé para enterrar a mi hermana, y aprender a vivir con mi culpa y mi terrible pesar, el precio de mi deshonra.
»Pasaron los años. Hubo rumores sobre él. Decían que se había hecho con una varita de inmenso poder. Mientras tanto, a mi me ofrecieron el puesto de Ministro de Magia, no una vez, sino varias. Naturalmente, lo rechacé. Había aprendido que no se podía confiar en mí teniendo poder.
-¡Pero usted habría sido mejor, mucho mejor, que Fudge o Scrimgeour! –soltó Harry de golpe.
-¿Lo habría sido? –preguntó Dumbledore pesadamente-. No estoy tan seguro. Había probado, siendo un hombre joven, que el poder era mi debilidad y mi tentación. Es una cosa curiosa, Harry, pero quizás aquellos que son más apropiados para el poder son los que nunca lo han buscado. Aquellos que, como tú, se les impone el liderazgo, y que toman el control porque deben, y se encuentran para su propia sorpresa que lo llevan bien.
»Estaba seguro en Hogwarts, creo que fui un buen profesor…
-Fue el mejor…
-… eres muy amable, Harry. Pero mientras me ocupaba con el entrenamiento de jóvenes magos, Grindelwald estaba formando un ejército. Decían que me temía, y tal vez lo hacía, pero menos, creo, de lo que yo le temía.
»Oh, no la muerte –dijo Dumbledore, en respuesta a la mirada interrogante de Harry-. No a lo que me pudiera hacer mágicamente. Sabía que estábamos totalmente igualados, quizás incluso yo era un poco más habilidoso. Era la verdad lo que temía. Sabes, nunca supe quién de nosotros, en esa última pelea horrible, había lanzado la maldición que mató a mi hermana. Puedes llamarme cobarde: tendrías razón, Harry. Temía por encima de todas las cosas el conocimiento de que había sido yo el que la había matado, no meramente por mi arrogancia y estupidez, sino porque en realidad hubiese lanzado el golpe que la dejó sin vida.
»Creo que él lo sabía, que sabía lo que me atemorizaba. Retrasé nuestro encuentro hasta que finalmente, habría sido demasiado vergonzoso resistirse más. La gente estaba muriendo y él parecía imparable, y tuve que hacer lo que pude.
»Bueno, ya sabes lo que pasó después. Gané el duelo. Gané la varita.
Otro silencio. Harry no preguntó si Dumbledore había averiguado alguna vez quién había matado a Ariana. No quería saberlo, y menos quería que Dumbledore se lo contase. Por fin sabía lo que Dumbledore debería haber visto al mirarse en el espejo de Oesed, y porqué Dumbledore había entendido tan bien la fascinación que había ejercido sobre Harry.
Se sentaron en silencio durante bastante rato, y los quejidos de la criatura detrás de ellos apenas perturbaban más a Harry.
Por fin dijo: -Grindelwald intentó detener a Voldemort de perseguir la varita. Le mintió, sabe, aparentó que nunca la había tenido.
Dumbledore asintió, bajando la vista a su regazo, con lágrimas todavía brillando en su torcida nariz.
-Dicen que mostró arrepentimiento en sus últimos años, solo en su celda en Nurmengard. Espero que eso sea cierto. Me gustaría pensar que sintió el horror y la vergüenza de lo que había hecho. Tal vez esa mentira hacia Voldemort fue su intento de reconciliarse… de evitar que Voldemort consiguiese la Reliquia…
-… o tal vez de que entrase en su tumba? –sugirió Harry, y Dumbledore se enjugó los ojos.
Después de otra corta pausa, Harry dijo,
-Intentó utilizar la Piedra de Resurección.
Dumbledore asintió.
-Cuando la descubrí, después de todos esos años, enterrada en el hogar abandonado de los Gaunts... la Reliquia que anhelaba mas que todas, aunque en mi juventud la había deseado por razones muy distintas... Perdí la cabeza, Harry. Realmente olvidé que era un Horrocrux, que el anillo claramente cargaba con una maldición. Lo recogi, y me lo puse, y en un segundo imaginé que estaba a punto de ver a Ariana, y a mi madre, y a mi padre, y en decirles lo mucho, muchísimo que lo sentía, fui...
»Fui un tonto, Harry. Después de todos esos años no había prendido nada. Yo no servía para reunir las Reliquias, lo había demostrado una y otra vez, y aquí estaba la prueba final.
-¿Por qué? -dijo Harry- ¡Es natural! Quería verles de nuevo. ¿Qué hay de malo en ello?
-Quizás un hombre entre un millón podría reunir las Reliquias, Harry. Yo servía solo para poseer la menos de ellas, la menos extraordinaria. Era apropiado para la Varita de Sauco, y no más, y no jactarme, ni matar con ella. Se me permitía vencer y utilizarla, porque la había cogido, no ganado, para salvar a otros de ella.
-Pero la Capa, la tomé por vana curiosidad, y nunca funcionaría para mí como para vosotros, sus auténticos poseedores. La piedra la habría utilizado en un intento de arrastrar de vuelta a los que descansan en paz, en vez de ser capaz de sacrificarme a mi mismo, como tú has hecho. Tú eres el legítimo poseedor de las Reliquias.
Dumbledore palmeó la mano de Harry, y Harry levantó la mirada hacia el anciano y sonrió. No puedo evitarlo. ¿Cómo podía guardar rencor a Dumbledore ahora?
-¿Por que me lo ha puesto tan difícil?
La sonrisa de Dumbledore fue tremula.
-Me temo que contaba con que la Señorita Granger te retrasara, Harry. Temía que tu cabeza ardiente pudiera dominar a tu buen corazón. Me asustaba eso, si presentaba categóricamente la verdad sobre estos objetos tentadores, podías coger las Reliquias como yo lo hice, en el momento equivocado, y por las razones equivocadas. Si posabas las manos en ellas, quería que las poseyeras con seguridad. Eres el auténtico amo de la muerte, porque el auténtico amo no busca huir de al Muerte. Acepta que debe morir, y entiende que hay cosas mucho, mucho peores en el mundo que morir.
-¿Y Voldemort nunca oyó hablar de las Reliquias?
-No creo, porque no reconoció la Piedra de Resurección que convirtió en Horrocruz. Pero incluso si las hubiera conocido, Harry, dudo que se hubiera interesado en ninguna excepto en la primera. No había creído necesitar la Capa, y en cuanto a la piedra, ¿a quién había querido devolver de la muerte? Él teme a la muerte. No ama.
-¿Pero esperaba que fuera a por la varita?
-Estaba seguro de que lo intentaría, desde que tu varita venció a la de Voldemort en el cementerio de Little Hangleton. Al principio, temía que le hubieras conquistado con una habilidad superior. Una vez hubo raptado a Ollivander, sin embargo, descubrió la existencia de los núcleos gemelos. Pensó que eso lo explicaba todo. ¡Aunque la varita prestada no fue mejor contra la tuya! Así que Voldemort, en vez de preguntarse a sí mismo que cualidad había en ti que hacía a tu varita tan poderoso, que don poseías que él no, naturalmente se embarcó en la búsqueda de una varita que, por lo que decían, batiría a cualquier otra. Para él, la Varita de Sauco se había convertido en una obsesión, que rivalizaba con su obsesión por ti. Creia que la Varita de Sauco eliminaba su última debilidad y le hacia verdaderamente invencible. Pobre Severus...
-Si planeó su muerte con Snape, ¿quiere decir que él se quedó con la Varita de Sauco, verdad?
-Admito que esa era mi intención -dijo Dumbledore-, no funcionó como yo pretendía, ¿verdad?
-No -dijo Harry-. Esa parte no funcionó.
La criatura bajo ellos se sacudió y gimió, y Harry y Dumbledore se sentaron sin hablar un largo rato. La comprensión de lo que habia ocurrido se aposentó gradualmente sobre Harry en esos largos minutos, como suave nieve cayendo.
-Tengo que volver, ¿verdad?
-Si así lo quieres.
-¿Tengo elección?
-Oh, si -Dumbledore le sonrió-. ¿Estamos en King Cross dijiste? Creo que si decides no volver, podrás... digamos... tomar un tren.
-¿Y adónde me llevaría?
-Adelante -dijo Dumbledore simplemente.
Silencio de nuevo.
-Voldemort cogió la Varita de Sauco.
-Cierto. Voldemort tiene la Varita de Sauco.
-¿Pero usted quiere que vuelva?
-Creo -dijo Dumbledore-. que si eliges volver, hay una posibilidad de que esto puedo terminar bien. No puedo prometerlo. Pero sé esto, Harry, que tienes menos miedo de volver aquí que él.
Harry miró de nuevo a la especie de material que temblaba y se ahogaba en la sombra bajo la distante silla.
(Harry glanced again at the raw looking thing that trembled and choked in the
shadow beneath the distant chair. )
-No compadezcas a los muertos, Harry. Compadece a los vivos, y sobre todo, a quien vive sin amor. Pero volviendo al tema, puedo asegurate que se mutilaran menos almas, y se romperan menos familias. Si esa no te parece una meta que merezca la pena, digamos adios al presente.
Harry asintió y suspiró. Abandonar este lugar no sería ni de lejos tan duro como había sido entrar en el bosque, pero se estaba caliente y había luz y paz allí, y sabía que se dirigía de vuelta al dolor y al miedo de más pérdidas. Se puso en pie, y Dumbledore hizo lo mismo, y se miraron durante un largo momento a la cara.
-Dígame una última cosa -dijo Harry-. ¿Esto es real? ¿O ha estado ocurriendo dentro de mi cabeza?
Dumbledore le sonrió ampliamente, y su voz sonó alta y fuerte en los oídos de Harry a pesar de que la brillante niebla estaba descendiendo de nuevo, oscureciendo su figura.
-Por supuesto que está ocurriendo en tu cabeza, ¿Harry, pero por qué demonios tendría que significar eso que no es real?

Capítulo 34: El bosque otra vez

Al fin la verdad. Tirado con la cara contra la polvorienta alfombra de la oficina donde una vez creyó estar aprendiendo los secretos de la victoria, Harry entendió al fin que no estaba destinado a sobrevivir. Su tarea suponía ir tranquilamente en busca de un abrazo de bienvenida dado por la muerte. A lo largo del camino, debía deshacerse de los vínculos que mantenían a Voldemort vivo, de modo que cuando se interpusiera él en su camino, sin levantar la varita a modo de defensa, el final fuera limpio, y el trabajo que debería haber sido hecho en el Valle de Godric, quedara acabado. Ninguno viviría, ninguno podía sobrevivir.Sentía el corazón palpitándole ferozmente en el pecho. Qué extraño era que, en medio del pavor de la muerte, palpitara con máximo esfuerzo, manteniéndolo gloriosamente vivo. Pero habría de parar, y pronto. Sus latidos estaban contados. ¿Cuánto tiempo le quedaba para, mientras se levantaba y caminaba a través del castillo por última vez, atravesar los terrenos e ir al bosque?El terror lo cubría mientras se tiraba en el suelo, con el latido fúnebre de su interior. ¿Dolería el morir? Todas esas veces que había pensado que estaba a punto de ocurrir pero había escapado, no había pensado realmente en ello: su voluntad de vivir había sido siempre más fuerte que su miedo a morir. Con todo, en ese momento no se le ocurrió intentar escapar, correr más que Voldemort. Se había acabado, lo sabía, y todo lo que quedaba era morir.¡Si hubiera muerto aquella noche de verano en que abandonó el número cuatro de Privet Drive por última vez, cuando la noble varita de pluma de Fénix le salvó! ¡Si hubiera muerto como Hedwig, tan rápido que no se hubiera dado cuenta de qué sucedía! O si hubiera podido interponerse entre una varita y alguien a quien amara... Ahora envidiaba incluso las muertes de sus padres. Esta despiadada caminata hacia su propia destrucción requería una clase distinta de valentía. Sentía que sus dedos temblaban levemente e hizo un esfuerzo por controlarlos, aunque nadie podía verlo, pues los retratos de las paredes estaban todos vacíos.Lentamente, muy lentamente, se incorporó, y al hacerlo se sintió más vivo y más consciente de su propio cuerpo que nunca. ¿Por qué nunca había apreciado el gran milagro que él mismo era, el cerebro, los nervios, el palpitante corazón? Todo eso desaparecería… o, al menos, desaparecería de él. Su respiración se volvió lenta y profunda, y su boca y su garganta se quedaron totalmente secas, pero más lo estaban sus ojos.La traición de Dumbledore no era casi nada. Por supuesto que había un plan mayor: Harry había sido simplemente demasiado estúpido para verlo, ahora se daba cuenta. Nunca se había preguntado por qué Dumbledore lo quería vivo. Ahora veía que sus años de vida los habia determinado cuánto tiempo tardara en eliminar todos los Horrocruxes. ¡Dumbledore le había pasado el trabajo de destruirlos, y él, obedientemente, había continuado acabando con los vínculos que ataban, no sólo a Voldemort sino a sí mismo, a la vida! Cuán hábil y elegante había sido, para no perder más vidas, pero sí darle la peligrosa tarea al muchacho que ya había sido marcado para la matanza, y cuya muerte no sería una calamidad, sino un soplo contra Voldemort.Y Dumbledore sabía que Harry no iba a eludir su responsabilidad, que llegaría hasta el final, aunque fuera su final, porque se había tomado la molestia de conocerlo bien, ¿o no? Dumbledore sabía, igual que Voldemort, que Harry no dejaría que ninguna otra persona muriera por él ahora que había descubierto que la fuerza para parar todo aquello estaba en sí mismo. Se forzo a recordar las imágenes de Fred, Lupin y Tonks cayendo muertos en el Gran Comedor, y por un momento apenas pudo respirar. La muerte estaba impaciente...Pero Dumbledore lo había sobrestimado. Había fallado: la serpiente sobrevivió. Un Horrocrux aún ataba a Voldemort a la tierra, incluso después de haber matado a Harry. Cierto, eso significaría un trabajo más fácil para alguien. Se preguntaba quién lo haría... Ron y Hermione sabían qué debía hacerse, por supuesto... Ése debía ser el por qué de que Dumbledore quisiera que confiara en ellos dos... De modo que si él cumplía su destino un poco antes, ellos pudieran continuar...Al igual que la lluvia en una ventana fría, esos pensamientos repiquetearon contra la fría superficie de la innegable verdad, que él debía morir. Debo morir. Debo terminar.Ron y Hermione parecían algo muy lejano ya, en un país remoto; sentía como si se hubiera separado de ellos hacía mucho tiempo. No habría despedidas ni explicación alguna, estaba decidido. Este era un viaje que no podrían emprender juntos, y los intentos que ellos pudieran hacer para pararlo sólo le harían perder un valioso tiempo. Miró hacia el estropeado reloj de oro que había recibido por su decimoséptimo cumpleaños. La mitad de la hora que Voldemort le había dado para su rendición casi había transcurrido.Se incorporó. Su corazón golpeaba contra sus costillas como un pájaro frenético. Quizás él sabía que le quedaba poco tiempo, quizás estaba decidido a cumplir con los últimos latidos antes del final. No miró hacia atrás cuando cerró la puerta de la oficina.El castillo estaba vacío. Se sentía como un fantasma al cruzarlo solo, como si ya hubiera muerto. La gente de los cuadros todavía estaba ausentes de sus marcos; el lugar al completo aún resultaba espeluznante, como si el resto de su sangre estuviera concentrada en el Gran Comedor, donde se apiñaban los muertos y los moribundos.Se puso la capa de invisibilidad y descendió varios pisos, hasta que en el último descendió la escalera de mármol del vestíbulo. Quizás una minúscula parte de sí mismo esperaba ser detectado, ser visto, ser detenido, pero la capa era, como siempre, impenetrable, perfecta, y alcanzó las puertas delanteras fácilmente.Entonces Neville pasó caminando muy cerca de él. Estaba trasladando un cuerpo desde los terrenos junto con otra persona. Harry echó un vistazo hacia abajo y sintió otro soplo de tristeza en el estómago: Colin Creevey, aunque menor de edad, debía haber entrado furtivamente, tal y como lo habían hecho Malfoy, Crabbe y Goyle. Era diminuto aun estando muerto.–¿Sabes qué? Puedo llevarlo solo, Neville –dijo Oliver Wood, y levantó a Colin sobre su hombro en un movimiento de bombero, cargándolo hasta el Gran Comedor.Neville se inclinó contra el marco de la puerta por un momento y se limpió la frente con la parte posterior de su mano. Parecía un hombre mayor. Entonces miró de nuevo hacia atrás, en la oscuridad, en busca de más cuerpos para recuperar.Harry echó un vistazo por detrás de la entrada del Gran Comedor. La gente se movía alrededor, intentando reconfortarse unos a otros, bebiendo, arrodillándose al lado de los muertos, pero no podía ver a nadie a quien amara, ninguna pista de Hermione, Ron, Ginny, o cualquier otro Weasley, ni tampoco de Luna. Sentía que habría dado todo el tiempo que le quedaba con tal de verlos por última vez; pero, entonces, ¿habría tenido fuerzas para dejar de mirar? Era mejor así.Bajó los escalones y se adentró en la oscuridad. Eran casi las cuatro de la mañana, y la calma mortal de los terrenos era como si también ellos estuvieran respirando, esperando para ver si él podría hacer lo que debía hacer.Harry se movió hacia Neville, que se doblaba sobre otro cuerpo.–Neville. –¡Ostras, Harry, casi haces que me dé un ataque!Harry se había quitado la capa: la idea le había surgido de repente, nacida del deseo de estar totalmente seguro.–¿A dónde vas solo? –preguntó Neville suspicazmente.–Es todo parte del plan –dijo Harry. –Hay algo que tengo que hacer. Escucha... Neville...–¡Harry! –Neville parecía asustado de repente-.Harry, ¿no estarás pensando en entregarte?–No –mintió Harry con facilidad-. Por supuesto que no... Esto es algo diferente. Pero tal vez desaparezca de la vista durante un rato. ¿Conoces a la serpiente de Voldemort, Neville? Él tiene una serpiente enorme... Se llama Nagini...–He oído hablar sobre ella, sí... ¿Qué pasa con eso?–Hay que matarla. Ron y Hermione lo saben, pero en caso de que ellos...El horror de esa posibilidad le aturdió durante un momento, le hizo imposible seguir hablando. Pero volvió a recomponerse: era algo crucial, debía ser como Dumbledore, mantener la cabeza fría, asegurarse de que habría reemplazos, otros que continuarían. Dumbledore había muerto sabiendo que quedaban tres personas que sabían lo de los Horrorcruxes; ahora Neville ocuparía el lugar de Harry: quedarían tres que conocerían el secreto.–¿Matar a la serpiente?––Matar a la serpiente –repitió Harry.–De acuerdo, Harry... ¿Estás bien, verdad? ––Estoy bien. Gracias, Neville –Pero Neville le agarró la muñeca, cuando Harry quise ponerse en movimiento.–Todos vamos a seguir luchando, Harry. Lo sabes, ¿cierto? ––Sí, yo…–Un sentimiento sofocante extinguió el final de la frase; no podía continuar. Neville no pareció encontrarlo extraño. Acarició el hombro de Harry, le soltó y se alejó en busca de más cuerpos.Harry volvió a ponerse la Capa y echó a andar. Alguien se movía no muy lejos, observando otra figura tendida en los campos. Estaba a sólo unos metros de ella cuando se dio cuenta de que era Ginny.Se detuvo. Se inclinaba sobre una chica que susurraba llamando a su madre.–Tranquila –decía Ginny. –Todo va bien. Vamos a llevarte dentro.–Pero quiero ir a casa –susurró la chica –¡Ya no quiero luchar más!.–Lo sé –dijo Ginny, y su voz se quebró. –Todo irá bien.Corrientes de aire frío le recorrían. Quería gritar a la noche, quería que Ginny supiera que él estaba allí, quería que ella supiera a dónde iba. Quería que le detuvieran, que le sujetaran, que le arrastraran de vuelta a casa...Pero estaba en casa. Hogwarts era el primer y el mejor hogar que había conocido. Tanto él como Voldemort y Snape, los niños abandonados, habían encontrado su hogar allí.Ginny estaba arrodillada al lado de la chica herida, sosteniéndole la mano. Con un enorme esfuerzo, Harry se obligó a seguir. Creyó ver que Ginny miraba a su alrededor cuando pasó a su lado, y se preguntó si había sentido algo moviéndose cerca de ella, pero no le habló y tampoco miró atrás.La cabaña de Hagrid apareció en la oscuridad. No había luces, ni se oía a Fang arañando la puerta, dando la bienvenida con ladridos. Todas esas visitas a Hagrid, el brillo de la tetera de cobre puesta al fuego, los pasteles como piedras y las larvas gigantes, y Ron vomitando babosas, y Hermione ayudándole a salvar a Norberto... Siguió andando, alcanzó el borde del bosque y entonces se detuvo.Un enjambre de Dementores volaba entre los árboles; podía sentir el frío que emanaban, y no estaba seguro de que pudiera pasar con seguridad entre ellos. No le quedaban fuerzas suficientes para lanzar un Patronus. Ya no podía controlar más sus temblores. Después de todo, no era tan fácil morir. Cada segundo que respiraba, el olor de la hierba, el aire fresco en su cara, eran tan deliciosos... Saber que la gente tenía años y años, tanto tiempo que desperdiciar, tanto tiempo para vivir lentamente, y él se aferraba a cada segundo. Al mismo tiempo que pensaba que no iba ser capaz de continuar, sabía que debía hacerlo. El interminable juego llegaba a su fin, la snitch dorada había sido atrapada, ya era hora de dejar el aire...La snitch. Sus nerviosos dedos juguetearon durante un momento con la bolsita de piel de topo, que colgaba de su cuello y la sacó.Me abro al llegar el final.Respirando fuerte y rápido, se quedó observándola. Ahora que deseaba que el tiempo pasara lo más lentamente posible, se sentía acelerado, y la comprensión le llegaba tan rápido que parecía atravesarle. Éste era el final. Éste era el momento.Presionó el metal dorado contra sus labios y susurró: "Estoy a punto de morir".El caparazón de metal se rompió y se abrió. Bajó su temblorosa mano, alzó la varita de Draco por debajo de la capa y murmuró: "Lumos".La piedra negra con la grieta irregular que le atravesaba por el centro contemplaba las dos mitades de la snitch. La Piedra de la Resurrección se había agrietado más, siguiendo la línea vertical que representaba a la Antigua Varita. Todavía podían verse el triángulo y el círculo que representaban a la Capa y a la Piedra.Y de nuevo Harry lo comprendió sin siquiera pensarlo. No se trataba de hacerles volver, pues estaba a punto de unirse a ellos. No tenia que atraerlos, eran ellos los que le estaban llamando.Cerró los ojos y giró la piedra en su mano tres veces.Supo lo que había sucedido porque oyó suaves movimientos a su alrededor, que sugerían la presencia de frágiles cuerpos pisando el terreno arenoso, lleno de ramas, que marcaba el borde exterior del bosque. Abrió los ojos y miró a su alrededor.No eran ni fantasmas ni cuerpos vivientes, eso podía verlo. A lo que más se parecían era al Riddle que había escapado del diario hacía ya tanto tiempo, y había sido una memoria casi sólida. Con menos sustancia que cuerpos vivientes, pero mucho más que simples fantasmas, se movieron hacia él. Y en cada cara, la misma cariñosa sonrisa.James era exactamente de la misma estatura que Harry. Llevaba la misma ropa que cuando murió, con el pelo despeinado y revuelto, y las gafas un poco ladeadas, como las del señor Weasley.Sirius parecía alto y guapo, y muchísimo más joven de lo que Harry le había visto en su vida. Caminaba a zancadas con estilo, las manos en los bolsillos y una amplia sonrisa en su cara.Lupin también tenía un aspecto más joven y mucho menos desgastado, su pelo estaba más espeso y oscuro. Parecía feliz de haber regresado a ese lugar tan familiar, escenario de tantos vagabundeos adolescentes.La sonrisa de Lily era la más amplia de todas. Se echó atrás la melena mientras se acercaba a él, y sus ojos verdes, tan parecidos a los de él, exploraron su cara con ansia, como si jamás fuera a ser capaz de haberle mirado lo suficiente.–Has sido tan valiente...Él no podía hablar. Sus ojos se recrearon en ella, y pensó que le gustaría quedarse allí y mirarla eternamente, y que no querría nada más.–Ya casi has llegado –dijo James. –Estás muy cerca. Estamos... tan orgullosos de ti.–¿Duele?La pregunta infantil había salido de los labios de Harry sin poder evitarlo.–¿Morir? Nada en absoluto –dijo Sirius. –Es más rápido y más fácil que quedarse dormido.–Y él querrá que sea rápido. Quiere que esto acabe ya –dijo Lupin.–No quería que murieras –dijo Harry. Estas palabras le salieron sin querer- –Ni ninguno de vosotros. Lo siento... –se dirigió especialmente a Lupin, suplicándole –...justo después de nacer tu hijo... Remus, lo siento...–Yo también lo siento -dijo Lupin. –Siento no poder conocerle... Pero él sabrá porqué morí y espero que lo entienda. Intentaba que el mundo fuera uno en el que pudiera vivir una vida mejor.Una fría brisa que parecía emanar del corazón del bosque llevó el aire hasta la frente de Harry. Supo que no le dirían que continuara, que tendría que ser su decisión.–¿Os quedaréis conmigo?–-Hasta el final -dijo James.–¿No podrán veros? -preguntó Harry.–Somos parte de ti -dijo Sirius, –invisibles a cualquier otro.Harry miró a su madre.–Quédate cerca de mí –dijo suavemente.Y empezó a moverse. El frío de los dementores no le atemorizó; pasó a través de ellos junto con sus compañeros, que actuaron como Patronus para él, y juntos marcharon entre los viejos árboles que crecían apretadamente, sus ramas se enredaban, sus raíces se retorcían y enroscaban bajo sus pies. Harry sujetó fuertemente la Capa a su alrededor mientras avanzaban en la oscuridad, viajando a lo más profundo del bosque, sin saber en realidad dónde estaba exactamente Voldemort, pero seguro de que le encontraría. A su lado, sin hacer apenas ruido, caminaban James, Sirius, Lupin y Lily, y su presencia le daba coraje, y era lo que le permitía seguir poniendo un pie enfrente del otro.Notaba su cuerpo y su mente extrañamente desconectados, con las costillas trabajando sin instrucciones conscientes, como si fuera un pasajero y no el conductor del cuerpo que estaba a punto de abandonar. Los muertos que caminaban a su lado, atravesando el bosque, eran mucho más reales para él, en ese momento, que los vivos que habia dejado atrás en el castillo; Ron, Hermione, Ginny y todos los demás eran fantasmas, mientras caminaba como atontado hacia el final de su vida, hacia Voldemort...Un golpe y un susurro: alguna otra criatura viviente se había agitado muy cerca. Harry se detuvo bajo la Capa, atisbando a su alrededor, escuchando, sus padres, Lupin y Sirius se detuvieron también.–Hay alguien ahí –sonó un áspero susurro muy, muy cerca. –Tiene una Capa de Invisibilidad. ¿No será...?Dos figuras aparecieron desde detrás de un árbol cercano: sus varitas resplandecieron, y Harry vio a Yaxley y Dolohov escudriñando la oscuridad, directamente hacia el lugar en que estaban Harry, sus padres, Sirius y Lupin. Daba la impresión de que no podían ver nada.–He oido algo, seguro –dijo Yaxley. –¿Crees que habrá sido un animal?–Ese grandullón de Hagrid guardaba un enorme montón de cosas raras en su casa –dijo Dolohov, echando un vistazo sobre su hombro. Yaxley bajó la mirada hasta su reloj.–Ya casi es el momento. Se ha cumplido la hora de Potter. Y no viene.–Será mejor que volvamos –dijo Yaxley. –Nos enteraremos de cuál es ahora el plan.Dolohov y él se volvieron y se adentraron más en el bosque. Harry les siguió, sabiendo que le guiarían exactamente a donde quería ir. Miró de un lado a otro, su madre le sonrió y su padre asintió, dándole ánimos.Habían avanzado durante sólo unos minutos cuando Harry vio luz frente a él, Yaxley y Dolohov llegaron a un claro, que Harry reconoció como el lugar donde el monstruoso Aragog había vivido en otra época. Aún quedaban restos de su gigantesca red, pero su enjambre de descendientes había sido expulsado de allí por los Mortífagos, para que luchara por su causa.Había un fuego ardiendo en el medio del claro, y su luz parpadeante iluminaba una multitud de mortífagos completamente silenciosos y vigilantes. Algunos de ellos aún llevaban máscara y capucha; otros mostraban sus caras. Dos gigantes estaban sentados en el extremo del grupo, arrojando enormes sombras en la escena, de caras crueles y rugosas, como talladas vastamente en roca. Harry vio a Fenrir, merodeando, mordiéndose las largas uñas; el enorme y rubio Rowle estaba tocándose delicadamente su labio, que sangraba. Vio a Lucius Malfoy, que parecía derrotado y aterrado, y a Narcissa cuyos ojos estaban hundidos y llenos de aprehensión.Cada ojo estaba fijo sobre Voldemort, que estaba parado, con su cabeza inclinada, y sus manos blancas dobladas sobre la Varita Mayor delante de sí. Tal vez estaba rezando o contando silenciosamente en su mente, y Harry, parado en la orilla de la escena, pensó absurdamente en un niño contando, jugando al escondite. Detrás de su cabeza, todavía enrollándose y girando, la gran serpiente Nagini flotaba en su brillante jaula encantada, como un halo monstruoso. Cuando Dolohov y Yaxley se reunieron en el círculo, Voldemort miraba hacia arriba.–Ninguna señal de él, mi Señor –dijo Dolohov. La expresión de Voldemort no cambió. Los ojos rojos parecían brillar junto a la luz del fuego. Lentamente, extrajo la Vieja Varita entre sus dedos largos.–Mi señor –Bellatrix había hablado. Se sentó lo más cerca posible de Voldemort, despeinada, con la cara un poco ensangrentada pero ilesa. Voldemort levantó la mano para silenciarla, y ella no soltó una palabra más, lo miró con fascinación, adorándole.–Pensé que vendría –dijo Voldemort con voz fuerte y clara, sus ojos aún en las llamas saltarinas. –Esperaba que viniera–.Nadie habló. Parecían estar tan asustados como Harry, cuyo corazón estaba palpitando contra sus costillas, tratando de escapar de aquel cuerpo que estaba a punto de caer a un lado. Sus manos sudaban mientras se quitaba la capa de Invisibilidad y la guardaba junto a su túnica, con su varita. No quería verse tentado a pelear.–Parece que he sido… engañado –dijo Voldemort.–¡No lo has sido! –dijo Harry con la voz más alta que pudo, con toda la fuerza que pudo reunir. No deseaba sonar asustado. La Piedra de la Resurrección se deslizó por entre sus dedos entumecidos, y por el rabillo de sus ojos vio que sus padres, Sirius y Lupin desaparecieron cuando caminó hacia delante de la luz del fuego. En ese momento sentía que nadie importaba excepto Voldemort. Eran simplemente los dos.La ilusión se fue tan pronto como llegó. Los gigantes rugieron como los Mortífagos y se levantaron juntos, había muchos gritos, lamentos, incluso risas. Voldemort estaba congelado donde estaban parados, sus ojos rojos se habían encontrado con los de Harry, y miró fijamente en cuanto se movió hacia él, con nada más que el fuego entre ellos. Entonces una voz gritó:–¡HARRY! ¡NO! –Se dio vuelta y vio a Hagrid, estaba atrapado y atado a un árbol cercano. Su cuerpo macizo agitó las ramas sobre la cabeza cuando luchó por zafarse, desesperado.–¡NO! ¡NO! HARRY, ¿QUÉ HACES…?–¡CÁLLATE! –gritó Rowle, y con un golpecito de su varita, Hagrid fue silenciado.Bellatrix, que había saltado sobre sus pies, miraba con impaciencia de Voldemort a Harry, su pecho se agitaba.Las únicas cosas que se movieron eran las llamas y la serpiente, enrollandose y desenrollándose en la jaula que brillaba detrás de la cabeza de Voldemort.Harry podía sentir la varita contra su pecho, más no hizo ningun intento de cogerla. Él sabía que la serpiente estaba demasiado protegida, sabía que si conseguía apuntar a Nagini, cincuenta maldiciones lo golpearían primero. Entretanto, Voldemort y Harry se miraban el uno al otro, y ahora Voldemort inclinaba su cabeza un poco para un lado, considerando lo que tenía en frente, y una sonrisa particularmente decepcionada surgió de sus labios.–Harry Potter –dijo muy suavemente. Su voz podría ser parte del fuego que saltaba. –El muchacho que vivio….Ninguno de los Mortífagos se movieron. Esperaban: Todos esperaban. Hagrid se debatia, y Bellatrix jadeaba, y Harry pensó inexplicablemente en Ginny, y su mirada ardiente, y la sensación de sus labios en los suyos.Voldemort había levantado su varita. Su cabeza todavía estaba inclinada de lado, como un niño curioso, preguntándose qué sucedería si procedía. Harry devolvió la mirada a los ojos rojos, y deseó que sucediera de una vez, rápido, mientras aún podía permanecer de pie, antes de que perdiera el control, antes de que le traicionara el miedo...Vio cómo se movía la boca y un rayo de luz verde, y todo desaparecio.